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Antes que nada, chicos, quisiera disculparme por la demora con que escribí este capítulo. A pesar de todo, le he puesto mucho cariño y esfuerzo, al igual que al resto de ellos. Espero que les guste y que lo comenten.
Además de ello, quería avisar que, por motivos de tiempo (ya se habrán dado cuenta), publicaré un capítulo a la semana, a diferencia de los dos que había anunciado anteriormente. Espero que comprendan esta decisión que he tomado, aunque, si en alguna semana alcanzo a escribir dos, por supuesto que los subiré ambos. Ahora, les dejo el capítulo.
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Al final de la carta, firmaba Bruno Visic, director del colegio. Claro, era allí en donde había leído ese nombre antes. El actual profesor de Raíces mágicas de América era el anterior director. Era muy extraño, creía que nunca antes había visto algo como eso, que cambiaran al director de un colegio cuando quizá ya estaba todo el año planificado. Simplemente lo olvidó, guardó la carta en su maleta y se fue al exterior, a pasear por los terrenos. Read the rest of this entry »
El día siguiente fue el primer día de clases de Diego, día que recordaría para siempre. Fue muchísima la emoción que dentro del chico había en el momento en que sonó el timbre luego del desayuno, anunciando el inicio de las clases. Había conseguido, no sabía cómo, levantarse justo a la hora que necesitaba para hacer todo a tiempo. El reloj que había en la habitación de su año indicaba las ocho cuando despertó. Se metió a la ducha, intentando desperezarse. Como el día anterior se había dormido luego de mucho tiempo de pensar, el sueño ese día lo acompañó hasta que sonó aquel timbre. Luego de ducharse, fue al comedor, a desayunar junto al resto de los estudiantes que quedaban en él. No encontró a Sandro ni a Tanya, pero desayunó junto a Francisca, una chica que cursaba el mismo año y curso que él. No había podido conocer a las chicas de su curso el día anterior, pues se había pasado todo el día con Sandro. Comió muy rápido un par de tostadas y bebió una taza de leche caliente, nervioso. A diferencia de él, Francisca parecía más tranquila. Provenía de una familia de magos argentinos, pero ella y su familia más cercana se habían mudado a Valparaíso hace pocos años. Cuando sonó el timbre, Diego se sintió emocionado. Se levantó de golpe y tomó su mochila, la misma que llevaba al colegio cuando aún no sabía que era un mago. En ella llevaba sus pergaminos, pluma y libros correspondientes a las clases del lunes. Francisca se levantó junto a él, tomando también su mochila. Ambos caminaron hacia la primera clase de la mañana: Preparación de pociones. Con algo de dificultad lograron encontrar el aula, situada en el tercer piso. Estaba llena de armarios y repisas, y amplias mesas habían distribuidas en ella en forma de U, sobre las cuales ya habían dispuestos algunos calderos de chicos que habían llegado antes que ellos. En medio de la U que describían las mesas, había una mesa más pequeña, tras la cual se encontraba sentado el profesor Soto, con una pizarra negra a su izquierda. Read the rest of this entry »
La primera impresión de Diego en cuanto vio la casona por dentro fue de encontrarse metido en un laberinto. El vestíbulo era un espacio muy amplio, de forma circular. Desde él varios pasillos salían en distintas direcciones, dos a la izquierda y uno a la derecha, largos y no muy amplios. Además, dos escaleras se encontraban justo frente al grupo que acababa de ingresar al lugar, ascendiendo en semicírculo hacia el segundo piso, el cual, visto desde el vestíbulo, era un espacio pequeño en el que había una puerta doble en medio y del cual salían dos pasillos, a la derecha y a la izquierda. Había también un par de puertas de madera, una en frente, justo entre las escaleras y dos al lado derecho. Era el techo bastante alto, pues se sumaba al techo del segundo piso. De él colgaba una lámpara negra de varios brazos en los cuales estaban posadas varias velas. Las paredes eran de un tono rosa pastel muy cercano al blanco, lo cual le daba al lugar un ambiente muy agradable, muy tranquilo. Read the rest of this entry »
Gerardo caminó decididamente hacia Diego y Casandra en cuanto los vio. El chico se había quedado estupefacto, totalmente quieto en el paradero en el cual el microbús los había dejado. Su padre saludó a Casandra y luego a él. Para el chico cada vez se volvía más complicada la relación con su padre. A pesar de que sentía un afecto totalmente nuevo pues sentía que su padre era su vínculo con el mundo mágico, sentía un profundo enojo hacia él. Finalmente, creía que en parte el perdón que le había otorgado (internamente, pues no se lo había comunicado) era por interés. Es decir, únicamente había vuelto a establecer relaciones con él para averiguar sobre el mundo mágico. En ese caso, ¿qué haría? Era extraño, como si estuviera dividido en dos. Una parte de sí mismo le decía que lo perdonara, que ya era suficiente. La otra parte le decía que se mantuviera, que no lo perdonara, pues su padre debía aprender a ser sincero ante todo. Se debatía en su interior mientras su padre hablaba con su madre, intentando tranquilizarla. Ellos seguían siendo muy buenos amigos, como lo habían sido siempre. Read the rest of this entry »
¡Siento mucho el retraso, chic@s!
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Enero llegó con un calor que, hasta ese momento, parecía imposible. En Diciembre ya la gente había sudado, pero en Enero comenzó a sufrirse el calor. Realmente se sentía la diferencia al salir de casa. Diego pasó el año nuevo con su familia entera, incluyendo a su padre. Lo había perdonado en cierta medida. Aún no le gustaba verlo demasiado y cuando lo veía era mucho más distante de lo que había sido con él siempre (siempre había sido muy cariñoso con Gerardo). Fuera de toda la ira que pudiera tener contra su madre y su padre, el año nuevo fue una buena noche. Creía que ese era el primer año en el que sentía realmente que algo nuevo sucedería. Esto se debía a que Gerardo había hablado con Casandra, quien ya no podía simular no creerle toda la verdad. Finalmente, su madre había accedido a que Diego asistiera a Lafken, cosa que había puesto eufórico al chico. Le emocionaba mucho, pero a la vez le apenaba abandonar a sus amigos, a su barrio y a su colegio. Incluso si no hubiera sido un mago debía de abandonar el colegio, pero era distinto. Lafken era un internado y Diego no había caído en la cuenta hasta que su madre un día le preguntó si ya le había contado a sus amigos (no toda la verdad, claro, sino contarles que iba a estudiar a otro lado del país). Se decidió a dedicar un día completo a visitar a sus tres mejores amigos en el colegio y contarles. Otro día también lo dedicaría a despedirse de sus amigos del barrio. Read the rest of this entry »
Chicos, les comunico que, a diferencia de la frecuencia que ha tenido hasta ahora la publicación de capítulos (exceptuando la segunda y tercera semana de Febrero), comenzaré a publicar cada mayor tiempo los capítulos, ya que mañana entro a clases. Probablemente la frecuencia sea de uno o dos capítulos por semana.
Saludos y estén atentos porque en poco publicaré el capítulo cinco.
Casandra reprimió un gritito de susto. Definitivamente no se esperaba que justo en ese momento tocaran la puerta. Diego, por su parte, sí lo hacía. Cuando su madre se dispuso a ir a abrir la puerta, Diego la detuvo tomándola por el brazo. Suavemente le tocó el codo, indicándole que se quedara allí. Caminó rápidamente a la puerta, extrañado, enfurecido y ansioso. Abrió la puerta de un tirón y se encontró a su padre, vestido con una camisa blanca con rayas de un tono gris muy claro, pantalones de tela y una chaqueta, tan formal como siempre. Dada su altura, Diego no pudo verle el rostro inmediatamente. Cuando levantó la vista para mirarlo a los ojos, vio un par de ojos hinchados y enrojecidos, como si Gerardo hubiera estado llorando por horas. Su padre lo miraba a los ojos, con un rostro que expresaba pena y orgullo, todo a la vez. Diego comprendió enseguida. Caminó hacia la habitación, tomó ambas partes de la carta y las guardó en su sobre. Puso todo en un bolsillo pequeño de su mochila, en la cual también metió ropa para dos días y la agenda que su madre le había regalado. Ella lo observaba, agitada y sorprendida, desde la sala, punto medio entre la habitación y la puerta. Cuando el chico se cruzó con su madre, rumbo a la puerta, le dijo con una voz que no expresaba más que las palabras que pronunciaba “Volveré en un par de días”. La dejó allí, perpleja, y se marchó. Traspasó el umbral de la puerta sin mirar a su padre y comenzó a bajar por la escalera, que describía un zigzag. Escuchó a su padre bajar la escalera tras de sí. Cuando llegó abajo, se dio cuenta de que no había automóvil. Miró hacia atrás, esperando a que su padre pasara junto a él para seguirlo. Seguramente lo había estacionado en alguna calle perpendicular a avenida Grecia. Efectivamente, su padre pasó junto a él y siguió caminando. Diego lo siguió. Lo condujo caminando por los distintos pasajes cercanos a la casa de Diego. Por cada esquina por la que pasaban, doblaban. Por un momento Diego pensó que su padre no sabía qué hacía, pero caminaba con tanta seguridad que prefirió no decir nada y seguirlo. Read the rest of this entry »

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