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El resto del mes de Mayo pareció avanzar lentamente. Las discusiones en clases, que habían aminorado en el mes anterior, comenzaron a estallar nuevamente ante los últimos hechos. Los castigos impuestos a los estudiantes que discutían en clases se volvieron mucho más severos de lo que habían sido hasta el momento, sobre todo en los profesores que desde el primer mes demostraron ser los más estrictos. Así, varios de los estudiantes de primer año tuvieron sus primeros castigos, los cuales consistían en su mayoría en limpieza de baños y aula. Quienes antes protagonizaban la mayor parte de las discusiones en clase fueron quienes recibieron los castigos más duros. Rebeca, por ejemplo, fue expulsaba de la clase de la profesora Hewett por un mes, pudiendo entrar solo para los exámenes de final del semestre. Los profesores menos estrictos adoptaron otras estrategias para evitar todo roce entre puristas y anti-puristas. Un ejemplo de esto fue lo que hizo el profesor Fawn, que optó por no utilizar la palabra “ser” para evitar toda discusión o comentarios desagradables de parte de un sector de su clase. Por otro lado, se dieron un par de enfrentamientos mágicos por parte de estudiantes mayores, todos ocasionados por puristas que culpaban a otros estudiantes de haber ocasionado la explosión. Severos castigos fueron impuestos por profesores hacia ellos, aunque más suaves para los puristas, por intervención de la directora. Esto último ocasionó alegatos de muchos alumnos, que fueron acallados mediante más castigos. En resumen, el final de Mayo estuvo cargado de castigos, por lo que para Junio el colegio lucía tan limpio y ordenado como lo habían encontrado el día en que habían llegado a él. Por los días finales de Mayo comenzaron a caer también las primeras lluvias fuertes, a diferencia de las suaves gotas que caían por el mes de Abril esporádicamente. Diego, que no estaba acostumbrado a que lloviera tan seguido, se quedaba en la sala de estar haciendo tareas cuando se largaba a llover. Había otros chicos que preferían caminar bajo la lluvia. Leer el resto de esta entrada »
Solo los pasos del profesor acompañados por el sonido suave del viento se oyeron por pocos segundos, durante los cuales los estudiantes, atónitos, lo miraron atravesar la cancha hasta el lugar en donde todos luchaban hasta hace pocos segundos. Algunos de los puristas que allí había sonrieron ante la llegada del maestro, entre ellos Ludwig, quien tenía el labio roto. Ningún estudiante se atrevió a moverse, por lo que el cuerpo inerte del chico alto y fornido quedó en el olvido bajo el árbol contra el que se había estrellado.
-¿Qué está pasando aquí? –repitió, preguntándole directamente al grupo de estudiantes puristas.
-Al parecer gran parte de este colegio no sabe jugar al quodpot –contestó Ludwig, tocándose el labio roto -. Se han enfadado por nada. Leer el resto de esta entrada »
-¡Es una locura! –exclamó Sandro al día siguiente. Apenas se había enterado de que ya estaba bien, Diego había ido a buscarlo a la enfermería.
Habían salido entonces a los terrenos del colegio y se habían puesto a conversar a la orilla del río, como solían hacer. El viento soplaba, haciendo el día mucho más fresco de lo que habían sido hasta ahora los primeros días de algo que no parecía anunciar ningún otoño. Luego de contarle todo lo que había averiguado, el rubio se había quedado perplejo. Al igual que a Diego, le parecía ridículo que gente así pudiera ser directora de un colegio.
-Así es… y todo por culpa del Consejo Escolar, que está lleno de puristas o como les llamen –contestó Diego, arrojando una piedra al agua. Realmente le preocupaba la situación.
-Entonces, ¿no van a recibir ningún castigo? –preguntó Sandro, como confirmando todo lo que le había dicho su amigo.
-A no ser que inventes alguna historia en la que dejes de ser hijo de muggles, no creo.
No supo bien cómo interpretar la expresión que puso Sandro. Le pareció, en un principio, que fue algo así como un “buena idea”, pero le parecía algo demasiado ridículo como para que su amigo fuera a intentarlo. El chico de Pumaquel había quedado con marcas en la cara, como quemaduras. Leer el resto de esta entrada »
Despertó varias horas después, con los músculos de todo el cuerpo agarrotados, como si hubiera hecho muchísimo ejercicio. Sentía aún el dolor de los puñetazos, aunque ya no tenía tan hinchado el ojo. Cuando intentó respirar por la nariz, se dio cuenta de que le era imposible. Sencillamente no entraba aire por esa vía. Tanteó con sus manos y sintió una venda o algo parecido enrollado alrededor de su cabeza, a la altura de la nariz. Extrañamente sintió su nariz más pequeña. El dolor de la espalda se había pasado, pero al tantear allí sintió algo adicional a su cuerpo. Un parche bastante grande le cubría una parte considerable de la espalda. Se encontraba acostado sobre una cama de colchón blando, sábanas y cubrecamas blancos. Las paredes de la habitación en la que se encontraba eran de color blanco también, así como el resto de las camas. Solo cuando miró alrededor se dio cuenta de que no estaba solo allí. En la cama de al lado, alguien dormía todavía, de espaldas y con el rostro tapado por varios parches. Leer el resto de esta entrada »

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