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	<title>Sangre Dorada - La lucha tras la máscara</title>
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		<title>Sangre Dorada - La lucha tras la máscara</title>
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		<title>Aviso: respecto a la fruencia de capítulos</title>
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		<pubDate>Thu, 29 May 2008 03:05:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como se han podido dar cuenta, la frecuencia con la que subo los capítulos de la historia ha ido en descenso, llegando incluso a no cumplir los plazos que yo mismo me he asignado.
Todo esto se debe a una cuestión de tiempo: entre el colegio y otras actividades mi tiempo se ha visto notablemente reducido, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=29&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Como se han podido dar cuenta, la frecuencia con la que subo los capítulos de la historia ha ido en descenso, llegando incluso a no cumplir los plazos que yo mismo me he asignado.</p>
<p>Todo esto se debe a una cuestión de tiempo: entre el colegio y otras actividades mi tiempo se ha visto notablemente reducido, quedando un escaso espacio para lo que es este blog y la historia que desarrollo (que no ocupa un espacio prioritario en mi vida y, por tanto mi tiempo).</p>
<p>Es por estas razones de tiempo que he decidido dejar momentáneamente de subir capítulos. Esto quiere decir que no me comprometeré a cumplir plazos respecto a subir capítulos, sino que, en mis tiempos libres, escribiré y probablemente acumule varios capítulos antes de comenzar a subirlos nuevamente, para poder remontar la frecuencia que hace un tiempo me propuse (un capítulo por semana o más si se puede).</p>
<p>Espero entiendan mis motivos. Cada capítulo nuevo será anunciado en BlogHogwarts por si no revisan con frecuencia este espacio.</p>
<p>Saludos.</p>
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		<title>Capítulo 15: Un nuevo panorama</title>
		<link>http://sangredorada.wordpress.com/2008/05/19/capitulo-15-un-nuevo-panorama/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 May 2008 01:24:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[Siento muchísimo el atraso. Finalmente, aquí está el capítulo 15. No he tenido tiempo de revisarlo (siento mucho mi falta de tiempo), así que si es que le pillan algún error (idea incompleta, comas o puntos mal puestos, etc.) les agradecería que me lo hicieran saber. ¡Espero que lo disfruten!
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-
Volver a Santiago fue como ponerle [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=28&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">Siento muchísimo el atraso. Finalmente, aquí está el capítulo 15. No he tenido tiempo de revisarlo (siento mucho mi falta de tiempo), así que si es que le pillan algún error (idea incompleta, comas o puntos mal puestos, etc.) les agradecería que me lo hicieran saber. ¡Espero que lo disfruten!</p>
<p class="MsoNormal">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p class="MsoNormal">Volver a Santiago fue como ponerle pausa a lo que comenzaba a ser una trágica película. Caminar nuevamente por las calles del mundo <em>muggle</em> era algo tranquilizador para Diego, quien ya se había acostumbrado a caminar por los pasillos de Lafken recibiendo insultos de parte de los puristas. Apenas llegó fue a almorzar a casa de su padre junto a su madre. Según ella, no había recibido carta alguna de parte del chico. No supieron darle explicación al hecho. Según Gerardo, no era algo común. <em>Generalmente</em>, había dicho, <em>cosas como esta se ven cuando una carta es interceptada</em>. Fue un dato que no ayudó a calmar los ánimos de Diego. Se dio cuenta al estar con su padre de que el profundo enojo que tenía en su contra se había apaciguado un poco. Pudo estar con él durante todo el almuerzo sin sentir punzadas de ira ni nada parecido, algo que hasta al mismo Diego le extrañó.</p>
<p class="MsoNormal">Lo primero que hizo al volver a su casa fue contarle a su madre absolutamente todo lo que había pasado en el primer semestre de clases. A pesar de no haber recibido la carta de Diego, su madre se había relajado respecto al tema. Por supuesto, aún seguía molesta y ponía muecas cuando se mencionaba el tema, pero los gritos que esperaba Diego no llegaron nunca. Fascinada, Casandra oyó todas la historias que Diego le contó durante los primeros días de vacaciones, en los escasos momentos en los que se veían. Como al chico, a Casandra le costó entender en un principio el conflicto con los puristas, dado que no podía entender cómo se podía discriminar a alguien por ser hijo de <em>muggles</em>.<span id="more-28"></span></p>
<p class="MsoNormal">A los pocos días se reunió con sus amigos de la escuela, quienes indagaron hasta el cansancio acerca del colegio nuevo de Diego, obligando al chico a mentirles con detalle. A pesar de tener que ocultarles la nueva realidad en la que estaba sumido, el muchacho disfrutó mucho ver a sus amigos.</p>
<p class="MsoNormal">En un principio, le fue difícil no hacer las cosas mediante magia. La vida en Lafken lo había acostumbrado (mal acostumbrado, según madre, que aseguraba que se había vuelto más flojo) a hacer cosas de la cotidianeidad usando su varita mágica. A pesar de que su madre era la que generalmente le recordaba que no debía hacer magia fuera del colegio y frente a <em>muggles</em>, parecía ser ella la más ansiosa en ver las cosas que podía hacer el muchacho. Diego accedió a mostrarle algunos de los conjuros que había aprendido en el colegio. Su madre, fascinada, terminó quejándose del hecho de que ella no tenía sangre mágica. Finalmente, el muchacho terminó por hacer el aseo de la casa mediante magia (algo que le costó bastante en un principio, a decir verdad) cuando su madre se encontraba trabajando. Fue una muy grata sorpresa para ella llegar por las noches a la casa y verla impecable.</p>
<p class="MsoNormal">El quinto día de sus vacaciones, Diego tuvo la oportunidad de ver a Jonathan, quien había estudiando en el norte al igual que Diego en el sur. La ocasión en la que lo vio fue en una asamblea mágica de Peñalolén. El día anterior había recibido una carta indicando el día y la hora de la asamblea, por lo que el miércoles a las seis y media estuvo en la redonda y amplia habitación en la cual había estado hace ya varios meses. Frida lo saludó animosamente en cuanto lo vio, lo cual animó bastante al chico, que se encontraba muy cohibido. Después de todo, había asistido a un par de asambleas anda más y no conocía a casi nadie.</p>
<p class="MsoNormal">La situación en Qurpa Uta (el colegio en el que estudiaba Jonathan) era bastante similar a la de Lafken. Jonathan era también mestizo, por lo que pudo entender y comentar objetivamente las cosas a Diego, quien a su vez le comentó la situación de Lafken.</p>
<p class="MsoNormal">-Mi padre me ha dicho que las cosas no están mucho mejor acá… -le había dicho en un susurro Jonathan, justo en el momento en que Frida y un par de personas más pedían silencio para comenzar la asamblea.</p>
<p class="MsoNormal">-Buenas tardes a todos –saludó un mago alto y de cabello gris a todos los presentes. Llevaba una pluma y un pergamino en su mano y miraba a este último fijamente mientras hablaba -. En primer lugar –continuó, levantando la vista –quisiera dar la bienvenida nuevamente a los chicos que vuelven de sus respectivos colegios para pasar las vacaciones acá –pasó su mirada por Jonathan, Diego y otros jóvenes un poco mayores que ellos. Luego de la pausa, tomó aire y continuó hablando -. El trabajo respecto al ocultamiento como magos se ha visto congelado por una situación que se ha presentado en la asamblea anterior, una discusión que se ha decidido continuar el día de hoy…</p>
<p class="MsoNormal">Curioso, Diego escuchó las palabras del mago con mucha atención. Minutos más tarde, una enardecida discusión entre los adultos y algunos jóvenes presentes (los mayores, dado que tanto Jonathan como Diego estaban algo cohibidos) se llevaba a cabo, en torno al tema de cambiar la forma de organización de la comuna. Un sector de la asamblea opinaba que la organización mediante asamblea era un método ineficiente y abogaba por una especie de municipio mágico, en donde hubiera una comisión de cinco personas encargada de tomar las propuestas que llegaban de los distintos sectores de la comuna y que fueran los que tomaran la decisión final luego de debates. Otro sector defendía la asamblea, desmintiendo la supuesta ineficiencia de ésta y afirmando que era el método más democrático de organización.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Dense cuenta de lo ineficiente que es esto! –exclamaba una mujer rubia que llevaba una capa color esmeralda con broches dorados -. ¡Nuestro alegato no es infundado: antes de comenzar esta discusión llevábamos más de dos sesiones decidiendo acerca de qué hacer con un caso de magia frente a <em>muggles</em>!</p>
<p class="MsoNormal">-¡Pero por supuesto que se vuelve ineficiente cuando gente como tú se opone a que avancen los temas! –le contestó entonces Frida, apuntándola con el dedo -. ¡Lo único que han hecho antes de esto es impedir que los temas avancen poniendo objeciones ridículas!</p>
<p class="MsoNormal">Así, la discusión se extendió por más de una hora, entre insultos, mentiras desmentidas que eran, a su vez, desmentidas, gritos y llamadas de atención. Finalmente, se decidió hacer votaciones para decidir qué sistema se adoptaba, dado que no se había podido llegar a un consenso. Para ello, se formó una comisión que estaría a cargo de contar los votos, integrada por diez miembros, tanto puristas como anti-puristas. Este detalle en los integrantes de la comisión fue algo de lo que se preocuparon los mismos anti-puristas. A las ocho y quince Diego se dispuso a volver a su casa, en compañía de Jonathan y su padre. Diego salió un poco confundido de la asamblea, sin saber qué partido tomar frente a la situación. El tema salió durante el camino a casa.</p>
<p class="MsoNormal">-No hay que dejarse engañar por esos tipos –dijo en voz alta cuando cruzaban Avenida Tobalaba -. Están sedientos de poder… y son ellos mismos los que no dejan progresar a las asambleas.</p>
<p class="MsoNormal">-No entiendo qué tiene de malo lo que proponen ellos… -contestó tímidamente Jonathan, a quien Diego observaba. No podía entender cómo alguien tan delgado anduviera tan desabrigado con el frío que hacía en esos días.</p>
<p class="MsoNormal">-Cuando las decisiones son tomadas por un pequeño grupo de personas pueden ser fácilmente llevadas por un único rumbo… y cuando tienes a un grupo de puristas que quiere ese tipo de toma de decisiones, imagínate qué clase de decisiones pueden llegar a tomar –le contestó decididamente su padre, mirando hacia delante.</p>
<p class="MsoNormal">Fue como un cachetazo. Fueron tan reveladoras las palabras del padre de Jonathan que Diego solo oyéndolas se pudo dar cuenta de lo terrible que era la idea que estaba proponiendo ese grupo de magos. De pronto se imaginó el panorama que en Lafken comenzaba a desarrollarse aplicado a una realidad mucho más amplia: la de su comuna. Con puristas tomando las decisiones por los magos de Peñalolén, podrían aplicarse medidas discriminatorias a los sangre sucia, por dar un simple ejemplo.</p>
<p class="MsoNormal">Durante los siguientes días se mantuvo más bien pensativo, algo encerrado en su casa esperando a que le llegara una nota avisándole de la próxima asamblea. En realidad, le preocupaba mucho la situación. De todos modos, el método de los puristas no estaba demasiado profundizado. Suponía que los cinco que decidirían por toda la comuna serían elegidos democráticamente. En ese caso, tendrían que dar la pelea (si es que ganaba la votación el método que ellos proponían) para que no fueran solo puristas los que estuvieran en ese grupo de cinco.</p>
<p class="MsoNormal">El fin de semana llegó y, dada la insistencia de Gerardo, Diego terminó yendo a visitarlo el fin de semana. Lo único que quería el chico era quedarse esperando a que le avisaran de la próxima asamblea, pero su padre terminó convenciéndolo de que era inútil quedarse en casa esperando. De todas maneras se iba a enterar y, en caso de que fuera el fin de semana, el mismo Gerardo lo iría a dejar. Pasar el sábado y domingo con su padre fue algo bastante agradable. No sabía bien si era por querer hablar con él o por las ansias que tenía, Diego terminó conversando de manera profunda con su padre acerca de la organización comunal que se tenía en Santiago. En Providencia, la comuna en la que vivía Gerardo, las asambleas tomaban un rumbo similar al que estaban tomando en Peñalolén.</p>
<p class="MsoNormal">-Es como si fuera una conspiración… -le dijo su padre, muy serio, la tarde el sábado -. Al parecer en el resto de las comunas también se está llevando a cabo esta misma discusión.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Una conspiración? –repitió Diego, sin entender bien a lo que se refería su padre.</p>
<p class="MsoNormal">-Así es. Quizá los puristas se están organizando… no es raro. En la historia es un hecho bastante repetitivo, aunque bastante nuevo en Latinoamérica –le contestó Gerardo.</p>
<p class="MsoNormal">-En Lafken pasa al revés –le contó el chico.</p>
<p class="MsoNormal">-Umma me lo ha comentado… al parecer Xegolt está demasiado preocupada.</p>
<p class="MsoNormal">-Si… y los castigos son cada día más severos… ¿por qué crees que me han castigado del modo en que me han castigado?</p>
<p class="MsoNormal">-Oh, claro… -contestó, pensativo, su padre. De pronto, Gerardo abrió los ojos enormemente y miró a Diego -. ¡Diego! ¿Qué decía tu carta, la que no le llegó nunca a Casandra?</p>
<p class="MsoNormal">-Nada… le contaba por qué me habían castigado…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Decía que saliste de los terrenos del colegio con Fawn y Visic?</p>
<p class="MsoNormal">-Sí…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Y le habías dicho eso a Xegolt?</p>
<p class="MsoNormal">-No, pero ¿por qué me preguntas todo esto? –inquirió desconcertado Diego.</p>
<p class="MsoNormal">-¿No será que Xegolt interceptó la carta para averiguar los motivos reales por los que te saliste del colegio? –Diego tragó saliva, entendiendo lo peligroso que podría ser eso -. No hay cómo averiguarlo…</p>
<p class="MsoNormal">La idea de que la directora de Lafken había interceptado la carta que Diego había escrito a su madre explicando con lujo de detalle lo que había hecho esa noche y con quién. Tal hecho pondría en peligro no solo la estadía de Diego en Lafken, sino a Visic y Fawn, a quien Xegolt echaría del colegio con gusto. A pesar de la preocupación que a partir de ese momento comenzó a crecer en su interior, Diego se fue el día domingo de la casa de su padre sintiendo que todo el odio que sentía por él había quedado erradicado.</p>
<p class="MsoNormal">En cuanto llegó a su casa, su madre le comunicó lo que él tanto esperaba. Las votaciones se realizarían a lo largo de todo el día martes y los resultados serían comunicados en la próxima asamblea que se efectuaría el jueves. El nerviosismo fue otro sentimiento que se apoderó de Diego en los siguientes días, cosa que fue percibida tanto por su madre como por Tomás y Hernán (sus amigos del colegio), con quienes se reunió el lunes. Una vez más tuvo que recurrir a la mentira para disfrazar a realidad a sus amigos. Fue algo frustrante para él contarle el tema a su madre y que ella no se diera cuenta de lo delicada que era la situación. Claro, ella aún no había recibido insultos ni mucho menos de parte de un mago. Ella no sabía lo que era ser abordada por tres estudiantes y que te golpearan hasta perder el conocimiento.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando despertó el martes fue como si se despertara de una pesadilla horrible. Lo cierto era que no recordaba haber soñado, pero su corazón, que latía con fuerza, y el sudor que lo empapaba le indicaban lo nervioso que estaba. Se duchó y vistió lentamente, como alargando cada vez más el momento. En realidad, el nerviosismo que sentía en ese momento no sería nada comparado con el que sentiría el miércoles por la noche, o el jueves cuando fuera caminando hacia la botillería por la cual se accedía a la sede de la asamblea mágica de Peñalolén.</p>
<p class="MsoNormal">Al aparecer en la habitación circular que era la sede se encontró frente a una mesa sobre la cual había una urna y tras la cual estaba parada Frida y otros dos magos. La bruja sonrió a Diego cuando este se acercó a ella con expresión de perdido. Tras la mesa se extendía el resto de la habitación. Pequeños cubículos separados por cortinas llenaban todo el espacio, dejando un par de pasillos.</p>
<p class="MsoNormal">-Buenos días, Diego –lo saludó Frida -. ¿Me podrías dar tu nombre, dirección y entregarme tu varita?</p>
<p class="MsoNormal">Extrañado, Diego se metió la mano en el bolsillo buscando su varita mientras le decía su nombre completo y dirección a la bruja, que hacía unas marcas en un pergamino que tenía sobre la mesa.</p>
<p class="MsoNormal">-Siento molestarte con todo esto, pero es el procedimiento que debemos seguir para asegurarnos de que no haya ningún votante de más –aclaró la bruja, mirando de reojo a los magos que estaban a su lado, como culpándolos. Diego reconoció a uno: era de los que habían defendido la idea de acabar con la asamblea. Lo miró con desagrado mientras Frida examinaba su varita y hacía otra marca en el pergamino que tenía sobre la mesa -. Debes entrar sin la varita a votar, Diego. Ya puedes pasar.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando Diego pasó a su lado, Frida le pasó una pluma y un pergamino. Leyó el voto cuando estuvo ya en un cubículo y con la cortina cerrada. Apenas dos opciones: <em>Sí asamblea mágica</em> y <em>No asamblea mágica</em>. Estuvo varios segundos parado pensando en cuántos votos habrían hasta el momento para el <em>No asamblea mágica</em>. Esperaba con todo su ser que hubiera pocos, poquísimos. Hizo una raya vertical en el espacio correspondiente a <em>Sí asamblea mágica</em>, dobló el pergamino en dos y salió del cubículo con la pluma en una mano y su voto en la otra.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Todo bien? –preguntó Frida, cuando Diego pasó nuevamente a su lado.</p>
<p class="MsoNormal">El chico asintió con la cabeza mientras depositaba su voto en la urna. La bruja le devolvió a su varita y, con la propia, hizo una marca de color azul en la mano derecha de Diego.</p>
<p class="MsoNormal">-Desaparecerá mañana, descuida –lo tranquilizó, al ver la cara de sorpresa que ponía el muchacho -. Es otra medida preventiva –alzó las cejas -. Nos veremos el jueves.</p>
<p class="MsoNormal">Diego se despidió de los otros magos y emprendió el camino a su casa. El presentimiento que había tenido hace poco más de dos horas era cierto: comenzaba en ese momento a crecer el nerviosismo en su interior, de una manera mucho más descontrolada que el que había sentido esa mañana. No sabía, en realidad, por qué se sentía tan nervioso. Haciendo una autocrítica, no entendía del todo lo terrible que podía ser un poder resolutivo enteramente purista. Sin embargo, el nerviosismo estaba allí, casi como un instinto del chico ante la situación que vivía.</p>
<p class="MsoNormal">El miércoles fue acumulación de nerviosismo para Diego. Intentó distraerse leyendo, practicando conjuros y demás cosas, pero no consiguió nada. Sencillamente no podía sacarse los resultados de la votación de su cabeza. Y seguía sin entenderlo, sin darse cuenta de por qué estaba pasando eso. No recordaba haber estado tan nervioso nunca antes. Luego de todos los fallidos intentos por distraerse dentro de su casa había decidido salir a caminar, sin rumbo alguno, como solía hacer antes con sus amigos. La lluvia caía fuertemente, por lo que tuvo que salir con un paraguas. A partir de ese día, habían dicho en las noticias, llovería toda la semana. Ya era hora, decían también, pues la contaminación de la ciudad había llegado a niveles poco frecuentes, aunque que se volvían más frecuentes producto de la sequedad del año. En realidad, durante la tarde no consiguió más que cultivar el nerviosismo que tenía. Al no poder distraerse, todos sus pensamientos estuvieron enfocados en el resultado de las votaciones. En ese hecho en particular, pues su imaginación no le permitía ahondar mucho en las consecuencias.</p>
<p class="MsoNormal">Una vez más el sudor lo empapó al despertar por la mañana. Los nervios del chico estuvieron tensos todo el jueves. De hecho, estuvo acelerado el día entero. Esta rapidez con la que actuó el chico el día completo no hizo más que ayudar a que sus nervios fueran en un aumento vertiginoso, pues se mantuvo gran parte del día desocupado, tendido sobre su cama pensando en lo que en cuatro horas, tres horas, dos horas más ocurriría.</p>
<p class="MsoNormal">Caminó bajo su paraguas mucho más rápido de lo que lo había hecho en otras ocasiones. Salió bastante adelantado, ansioso. Por los costados de Avenida Grecia corrían aguas oscuras, acumulación de la abundante lluvia que caía y había caído durante la noche. Al pasar los automóviles, Diego se alejaba más de la calle, evitando que le salpicaran del agua sucia que corría bajo las ruedas de los vehículos.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando llegó a la sede, no había nadie allí. El tendero de la botillería lo miró con desconfianza cuando Diego se acercó a hablar con él. De hecho, tuvo que pedirle por favor que lo dejara entrar porque hacía mucho frío. Una pésima excusa, en realidad, porque en la habitación –cuyas paredes eran de piedra –hacia un frío hasta más intenso que en el exterior. De todos modos, se sintió más cómodo esperando allí dentro. No fue mucho el tiempo que tardaron el resto de los magos y brujas de la comuna en llegar. La tensión se percibía en muchos de ellos, aunque hubo varios que llegaron con una sonrisa de oreja a oreja. Diego reconoció a algunos, temeroso por lo que podría significar esa sonrisa.</p>
<p class="MsoNormal">En cuanto el mago alto de cabello gris que en la asamblea anterior había dicho las primeras palabras se puso de pie, todos guardaron silencio casi de inmediato. El muchacho, nervioso, no se había percatado de que Jonathan y su padre, ambos con un aspecto tenso, se sentaron a su lado. Antes de comenzar a hablar, esbozó una sonrisa dirigida a un sector particular de los magos y brujas que se encontraban en el lugar.</p>
<p class="MsoNormal">-Muy buenas tardes –saludó, pasando la mirada por toda la habitación, que había recuperado su aspecto normal -. Los resultados de la votación realizada el día martes recién pasado han sido cincuenta y ocho votos a favor del sistema organizativo denominado municipio mágico contra treinta y cuatro votos a favor del sistema organizativo denominado asamblea mágica –guardó silencio unos segundos, en los que solo se oyó el rasgueo de una pluma al escribir sobre un pergamino. Fijó su vista en el pergamino que tenía en las manos y comenzó a leer -. Por los resultados arrojados, se cambiará el sistema de organización de los magos y brujas de la comuna al del municipio mágico, el cual estará constituido por una asamblea de debates a la que llegarán los temas que competen a la comuna; en esta asamblea, todos los magos y brujas de la comuna debatirán en torno a los temas; luego de los debates, la comisión resolutiva tomará la decisión acerca del tema y llevará a cabo tal decisión. Esta comisión estará formada por cinco magos y brujas de la comuna, los cuales serán elegidos democráticamente y deberán contar con un secretario y dos voceros, encargados de ponerse en contacto con los órganos representativos de otras comunas. Por tratarse de…</p>
<p class="MsoNormal">Conforme avanzaba en su lectura, Diego sentía que se iba hundiendo más y más en su asiento, como si estuviera cayendo en un agujero sin fondo. Creía que esa misma sensación la tendrían los treinta y dos votantes que habían sufragado a favor de la asamblea. En realidad, le era desconcertante que las votaciones hubieran terminado de esa forma. La buena disposición de la gente al participar en la asamblea era algo que no concordaba con los resultados. ¿Acaso sería que por la nula voluntad de cooperar de los puristas habían terminado convenciendo a la gente de que la asamblea era ineficiente?</p>
<p class="MsoNormal">-…hasta la fecha, se continuará con el sistema de asambleas que funcionaba de manera ineficiente hasta ahora –concluyó el mago. Dobló el pergamino en dos, lo guardó en su bolsillo y tomó asiento.</p>
<p class="MsoNormal">Los rostros de satisfacción de los puristas lo seguirían hasta su casa una hora más tarde. No entendía bien las razones de que le afectara tanto algo así. Era algo totalmente nuevo para el chico. Su reciente y precoz (como decía su madre) inclusión en la política lo hacía sentir extraño. La asamblea de ese día jueves prosiguió con toda la fluidez que había tenido durante las primeras veces que Diego había asistido. Cuando caminaban por Grecia hacia el oriente junto con Jonathan, su padre y Frida, los adultos comentaban la hipocresía de los puristas, que ante su victoria habían decidido cooperar con el curso normal de los temas.</p>
<p class="MsoNormal">Con todo, Diego llegó bastante deprimido a su casa. Escuchar las opiniones y quejas de los dos magos mientras caminaban no hizo más que agravar su estado de ánimo, aún sin entender totalmente el por qué.</p>
<p class="MsoNormal">Los últimos días de vacaciones fueron bastante horribles para Diego. Al día siguiente se enteró de que la asamblea de Providencia había decidido, mediante votaciones, pasar a un sistema similar al que adoptaba ahora Peñalolén. Según su padre, la mayoría de las comunas de la capital del país estaban cambiando drásticamente sus sistemas organizativos, aludiendo una vez más a la conspiración de la que le habló. Por otro lado, los puristas de Peñalolén hacían una feroz campaña propagandística para promover que los votaran a ellos para formar la comisión resolutiva de la comuna. Cada vez que llegaba a sus manos alguno de los pergaminos en los que se mostraba la foto móvil de algún mago o bruja purista, Diego lo arrugaba con odio y lo arrojaba lejos.</p>
<p class="MsoNormal">A decir verdad, volvió al colegio sin expectativa alguna. Tenía la convicción de que no podía haber nada peor que el panorama que Santiago le había ofrecido. Ni los castigos de Xegolt, ni los comentarios de Rebeca en los pasillos, ni nada que sucediera podría ser peor que aquello que le había hecho sentir tan mal.</p>
<p class="MsoNormal">Al volver a Lafken comprendió que lo que pasaba en Peñalolén y otras comunas no era más que un prefacio a lo que lo esperaba.</p>
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		<title>Aviso: ¡Mañana el capítulo 15!</title>
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		<pubDate>Mon, 19 May 2008 03:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Siento mucho no haber cumplido con la demora que avisé y no tenerles para el día de hoy (domingo 18 de Mayo) los dos capítulos que deberían corresponder. La semana pasada fue bastante dura para mi, pero mañana estará el capítulo 15 arriba.
¡Mil disculpas!
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Siento mucho no haber cumplido con la demora que avisé y no tenerles para el día de hoy (domingo 18 de Mayo) los dos capítulos que deberían corresponder. La semana pasada fue bastante dura para mi, pero mañana estará el capítulo 15 arriba.</p>
<p>¡Mil disculpas!</p>
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		<title>Aviso: demora</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2008 11:51:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Chicos, siento informarles que tardaré un par de días más en escribir el Capítulo 15. Esto se debe a que la semana anterior fue particularmente tediosa (por estudios), al igual que la semana que recién comienza.
Espero me comprendan.
Saludos.
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			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p>Chicos, siento informarles que tardaré un par de días más en escribir el Capítulo 15. Esto se debe a que la semana anterior fue particularmente tediosa (por estudios), al igual que la semana que recién comienza.</p>
<p>Espero me comprendan.</p>
<p>Saludos.</p>
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		<title>Capítulo 14: Victoria insípida</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2008 02:58:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de que durante los primeros días que siguieron a aquella noche la noticia de que Diego había salido de los terrenos del colegio no fue conocida por nadie más que por Rebeca, sus amigos, Sandro y Juan, el día martes durante el almuerzo todos quienes estaban allí se enteraron inevitablemente. Diego había podido [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=25&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">A pesar de que durante los primeros días que siguieron a aquella noche la noticia de que Diego había salido de los terrenos del colegio no fue conocida por nadie más que por Rebeca, sus amigos, Sandro y Juan, el día martes durante el almuerzo todos quienes estaban allí se enteraron inevitablemente. Diego había podido comprobar la severidad con la que eran impartidos los castigos. Tuvo que estar (y tendría que hacerlo) cumpliendo con distintas labores incluso el sábado y el domingo. Limpiar baños, ordenar archivos, limpiar la lechucería fueron entre otros sus trabajos.</p>
<p class="MsoNormal">En realidad, no fue tan extraño para el resto de los estudiantes lo que sucedió esa mañana. Era ya frecuente, por la severidad de los castigos que imponían, pero en realidad Diego no se esperaba que su madre hiciera algo así. Cuando el sobre rojo cayó pesadamente sobre la mesa, el chico ya sabía qué era lo que vendría a continuación. Lo había visto en muchas ocasiones. Ni siquiera se impresionó cuando como una sola voz el rumor se extendió por todo el comedor, segundos antes de que estallara la voz femenina. Lo único que lo sorprendió de todo ello fue que fuera la voz de su madre la que gritara enojada en lugar de la de su padre. No tenía idea de ningún otro contacto directo con el mundo mágico de su madre que ese <em>vociferador</em>.<span id="more-25"></span></p>
<p class="MsoNormal">Simplemente se quedó mirándolo, mientras el resto del comedor volteaba la cabeza hacia él, expectantes todos. Juan, que comía a su lado, también se quedó congelado. A pesar de que tanto él como Sandro ya lo sabían, le sorprendió muchísimo la llegada del <em>vociferador.</em></p>
<p class="MsoNormal">-¡EN QUÉ ESTABAS PENSANDO, POR DIOS! –se oyó en todo el comedor, como si el sonido del reto llenara cada espacio en el que había aire. Apenas Diego reconoció la voz de su madre su expresión cambió a una de sorpresa y hasta susto. Los que no se habían dado cuenta aún de que un <em>vociferador</em> había llegado a manos de un estudiante se asustaron -. ¡NO HAS COMPLETADO NI UN SEMESTRE EN EL COLEGIO Y ESTÁS YA AL BORDE DE LA  EXPULSIÓN! ¡¿ES QUE ACASO NO SABES CUÁNTO LE CUESTA A TU PADRE MANTENERTE ALLÍ?! ¡SALIR DEL COLEGIO EN MEDIO DE LA NOCHE! ¡ESPERO UNA EXPLICACIÓN ANTES DEL VIERNES O YA VERÁS SI ES QUE VUELVES A LAFKEN LUEGO DE LAS VACACIONES DE INVIERNO!<strong></strong></p>
<p class="MsoNormal">Fue mucho más breve de lo que todos esperaban. En realidad, su madre fue bastante breve en aquel grito. El comedor se sumió en el más profundo de los silencios mientras la carta se quemaba junto al desayuno de Diego. Un par de chicos rieron por lo bajo. Por la frecuencia que tenía últimamente tal modo de retar a los pupilos, ya eran pocos los que aún se reían de ello. Después de todo, no eran muchos los que no habían recibido un <em>vociferador</em> aunque fuera una vez en su vida.</p>
<p class="MsoNormal">Bajó la mirada y siguió desayunando, silencioso. Tal había sido el nivel de enojo de su madre. Quizá su padre estuviera peor, en realidad le daba lo mismo. Con todo lo que había estado pasando últimamente el muchacho apenas se había detenido en pensar en sus padres. Los recordaba, claro, pero no era algo que tuviera tan presente como antes. De hecho, fue solo luego de haber oído el vociferador que se había dado cuenta del peso de lo que había hecho la semana pasada. El poco cuidado de Diego al salir así como así de los terrenos del colegio, sin siquiera fijarse bien si es que alguien lo seguía o no, había sido una irresponsabilidad enorme. ¿Qué pasaría si lo expulsaban de Lafken? Quizá perdería toda oportunidad de educarse en magia. Aunque aún le quedaba la duda de si realmente había sido Salazar quien lo había visto, la estupidez de haberse acercado al grupo de estudiantes a oír lo que decían ahora le pesaba en la conciencia.</p>
<p class="MsoNormal">No cobró demasiada popularidad la noticia de que había salido de los terrenos del colegio. La verdad era que castigaban estudiantes casi todos los días, por lo que las noticias eran desechadas casi diariamente. Por Diego el tema no fue desechado rápidamente. De hecho, la preocupación y la culpa de sus actos lo siguieron hasta el día en que volvió a su casa en Julio. Escribió con angustia la carta a su madre, intentando no suavizar los hechos. Le contó con detalle todo lo ocurrido, incluyendo las razones por las que había salido del colegio. Envió la carta y luego se fue a ocupar de lo que todos los estudiantes del colegio se estaban encargando por esos días: los exámenes de final de semestre. Habían sido avisados con tres semanas de anticipación, por lo que todos intuyeron bien que serían algo de un nivel totalmente distinto al de las pruebas comunes y corrientes.</p>
<p class="MsoNormal">Durante las tres semanas en las que todos (o la mayoría, al menos) los estudiantes estudiaban para los exámenes de final de semestre, la materia que entraría en ellos seguía acumulándose. Por supuesto, los profesores no dejaron de hacer sus clases y de seguir enseñando contenidos, que también evaluarían en los dichosos exámenes. Así, la atención se fue desviando desde los incidentes entre puristas y gente “impura” y los castigos hacia el estudio y la histeria colectiva que comenzaba a formarse conforme los días avanzaban. Se volvió muy común por esos días ver la biblioteca y las salas de estar abarrotadas de estudiantes sentados con libros abiertos, así como ver a chicos y chicas caminando por los pasillos mientras leían apuradamente. También se veía el otro extremo: gente que se quedaba en los terrenos disfrutando del sol, conversando y, si es que se conseguía el permiso (es decir, si es que se eran solo puristas o solo “impuros”), jugando quodpot.</p>
<p class="MsoNormal">Durante todo el periodo pre-exámenes, no se vieron incidentes de ningún tipo. Se calmó, para relajo de los profesores, el ambiente y los ánimos. Sin embargo, luego de la semana de exámenes (durante la cual la vida de los estudiantes se volvió dar pruebas y estudiar), los problemas aparecieron nuevamente. Diego, que no había recibido ningún comentario en los pasillos por su escape del jueves por la noche (pues lo sucedido fue dos semanas antes de los exámenes), comenzó a ser uno de los focos de molestia entre el grupo de amigos de Rebeca, quien parecía particularmente esforzada por sacarlo de quicio. Fue durante esos días en los que se puso a prueba la fuerza de voluntad del muchacho, quien ponía todos sus esfuerzos en no contestarle absolutamente nada a la chica, totalmente conciente de que, en caso de hacerlo, probablemente su expulsión fuera algo seguro.</p>
<p class="MsoNormal">Sin embargo, no solo cosas desagradables vinieron después de los exámenes. Las vacaciones se aproximaban más y más. Una vez terminaron los exámenes, eran apenas dos semanas las que quedaban para que muchos de los estudiantes volvieran a sus hogares junto a sus familias, luego de recibir los resultados de las pruebas. Las clases prosiguieron, pero el tan esperado campeonato nacional de Quodpot llegó tomando por sorpresa a casi todos. Los entrenamientos en el colegio se habían intensificado, por lo que era muy común ver el espacio en donde se comenzaba a montar el estadio del colegio ocupado por los veinte seleccionados. Un grupo de magos y brujas había llegado al colegio por esos días, con el objetivo de montar un estadio en poco tiempo. Para Diego en un principio era algo totalmente descabellado. En el mundo <em>muggle</em> era una total locura pensar en que se podría construir un estadio en cinco días, pero definitivamente para el mundo mágico no lo era en lo más mínimo. Era increíble para Diego el hecho de entrar a Botánica viendo al grupo de experimentados montando pesados objetos y moviéndolos con el uso de su varita y, al salir de la clase, verlos casi en las mismas posiciones, mostrando un avance considerable con respecto a la hora anterior.</p>
<p class="MsoNormal">Finalmente, para el seis de Julio el colegio ya contaba con un estadio de Quodpot, algo muy distinto a los estadios que se veían en el mundo <em>muggle</em>. Las graderías estaban a mayor altura, ya que el deporte se jugaba mayoritariamente a grandes distancias del piso. De color dorado y azul eléctrico, el estadio contenía una cancha muchísimo más grande de la que usaban los chicos al jugar durante los descansos y las tardes. Se convirtió en un lugar más frecuentado por los estudiantes, al igual que el río y los distintos sectores de los terrenos de Lafken. El estadio guarecía a los estudiantes de la lluvia y, dada la altura de las graderías, daba una muy buena vista a quienes reposaban luego del almuerzo.</p>
<p class="MsoNormal">La primera fecha del campeonato se daría en Lafken. El primer viernes de Julio llegó un grupo de veintitrés personas, todas vestidos con túnicas color verde limón, los veinte jugadores y tres profesores del colegio Andes, colegio que –según le dijeron a los estudiantes –estaba ubicado en la zona central del país. Los estudiantes que cumplían castigos habían preparado las habitaciones que usarían los invitados y habían dejado el colegio reluciente o, como les dijo la directora Xegolt, “digno de ser visitado por gente externa a él”. La verdad era que si no hubiera empezado el campeonato de Quodpot, los estudiantes castigados ya no tendrían más cosas que hacer. Para Diego, que se lamentaba cada vez que recordaba que su castigo se extendía hasta el final del semestre, era un real misterio saber qué cosa le tocaría hacer en su próximo castigo (que era al día siguiente, siempre). Era quizá la única parte entretenida del castigo, imaginar las posibilidades de lo que tendría que hacer a continuación.</p>
<p class="MsoNormal">El primer domingo de Julio se celebró el partido que muchos de los alumnos de Lafken esperaban ansiosamente. La profesora Contreras había hecho un estupendo trabajo en hacer que los muchachos del equipo se mantuvieran sin pelearse durante los entrenamientos y en cualquier espacio que tuviera que ver con el equipo oficial del colegio. Se decidió llevar a cabo el partido a pesar de la gruesa lluvia que esa mañana caía. Los estudiantes, guarecidos bajo amplios paraguas y abrigados con capas y mucha ropa, acudieron al nuevo estadio del colegio. Diego fue al lugar acompañado de Juan, Sandro y algunos otros compañeros, varios de ellos mayores. Los chicos mayores, de segundo en su mayoría, contaron a los más pequeños que años atrás había existido un estadio muy bonito, con murales pintados por estudiantes del colegio. Sin embargo, misteriosamente ese año cuando todos habían vuelto de sus vacaciones el estadio ya no estaba. La curiosa idea que habían compartido los mayores se perdió al cabo de pocos segundos, ya que una voz amplificada anunció el inicio del encuentro y, en definitiva, de la primera fecha del campeonato nacional de Quodpot.</p>
<p class="MsoNormal">-Estimados estudiantes –comenzó a decir una voz masculina, desconocida para Diego, luego de un par de segundos. Resonaba en todo el estadio, amplificada no sabía cómo. Probablemente producto de algún conjuro. Quien hablaba era un hombre de bigote y cabello negro, vestido con una túnica de color verde botella, parado en una plataforma que flotaba en medio de la cancha a gran altura -. Es un placer para la Federación Nacional de Deportes Mágicos dar inicio a un nuevo torneo ínter escolar de Quodpot. Han sido ya más de cien torneos los que junto a la Federación se han realizado, todos con resultados muy hermosos. Los lazos que se han creado entre los estudiantes de distintas escuelas a lo largo del territorio nacional han sido creados por instancias como esta. Los estudiantes mayores quizá puedan afirmarlo…</p>
<p class="MsoNormal">Eran pocos los estudiantes que ponían total atención al hombre que hablaba, de los cuales la mayoría eran estudiantes pequeños. El resto de los estudiantes conversaba alegremente, apostaban o se miraban con mala cara a la distancia. Varios profesores estaban ubicados cerca de los grupos más conflictivos de estudiantes. Nadie quería que la primera fecha del campeonato se suspendiera por altercados relacionados con ideas puristas.</p>
<p class="MsoNormal">Un par de minutos más tarde se oyeron aplausos luego de la finalización del discurso de Carlos Rebosio, presidente de la Federación Nacional de Deportes Mágicos. Finalmente, el campeonato ínter escolar daría inicio. La plataforma que flotaba en medio de la cancha descendió de las alturas y el mago del bigote bajó de ella. Pocos segundos luego de ello, ambos equipos salieron por lados opuestos de las canchas, todos los estudiantes cargados con sus escobas y vistiendo túnicas de distintos colores. Los estudiantes del Colegio Mágico Andes vestían túnica color verde limón, todas con el nombre del jugador en la espalda y el escudo del colegio sobre el pecho. Por otro lado, los estudiantes de Lafken vestían túnicas color azul eléctrico, las cuales tenían los nombres de los jugadores en color dorado en la espalda.</p>
<p class="MsoNormal">-Por el Colegio Mágico Andes, Astorga, Bloomfield, Briones, Díaz, Jiménez, Martínez, Medeiros, Pedraza, Torres y Valenzuela –anunció una voz masculina, de la cual esta vez no se sabía la procedencia -. Por Lafken, Echeverría, Gianini, Hewett, Mardones, Ocampo, Puente, Quezada, Urrutia, Vera y Waldbaun.</p>
<p class="MsoNormal">Mientras el comentarista decía los nombres de los jugadores del equipo de Lafken, el público que llenaba el estadio estalló en vítores y silbidos, muestras de ánimo para los diez jugadores que se reunían en la mitad de la cancha con la árbitro y el equipo del colegio Andes. Diego se imaginó a sí mismo en la posición en la que estaban los diez seleccionados de Lafken. Seguramente estaría tiritando de los nervios y del frío.</p>
<p class="MsoNormal">Una vez todos los estudiantes hubieron estrechado sus manos, los jugadores se pusieron en posiciones. Todos alineados en ambos extremos de la cancha, en el lugar contrario del pot en el que debían echar la quod respectivamente. La árbitro hizo sonar el silbato el tiempo que, con un hábil movimiento de varita, arrojaba la quod hacia el cielo. Sin esperar ni un solo segundo, los veinte jugadores patearon el piso y comenzaron a elevarse montados en sus escobas. Los primeros en encontrarse a una altura suficiente se lanzaron a toda velocidad hacia la quod, que ya comenzaba a caer hacia el suelo. Desde las graderías, los estudiantes veían manchas de color azul y verde que volaban de un lado a otro a través de la densa lluvia que caía.</p>
<p class="MsoNormal">Emocionados, los estudiantes de Lafken animaban a sus jugadores con gritos y cánticos que Diego no tardó demasiado en aprender. Así, durante la hora que duró el partido, Diego se mantuvo cantando animoso junto a Juan y a Sandro, emocionándose con las jugadas extrañas, rápidas y, a ratos, peligrosas que los jugadores hacían y los puntos que marcaban. Nunca antes había asistido a un espectáculo deportivo, y mucho menos había participado de esa forma, alentando al equipo y celebrando la victoria que obtuvo.</p>
<p class="MsoNormal">Todo el mundo se fue sumido en la alegría de la victoria de Lafken de vuelta hacia la casona, mientras que los jugadores se retiraban a los vestidores. Aún cantando, los estudiantes avanzaron por los terrenos, aún “escoltados” por profesores que buscaban evitar las peleas entre estudiantes. Ya era una costumbre ver ese tipo de cosas de parte de los profesores. Mientras caminaban, reconoció un par de metros delante de él el rubio cabello de Tanya. Hacía varios meses que no conversaba con la chica. Supuso en ese momento que habría estado muy ocupada por el colegio.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Eh! ¡Tanya! –exclamó, mientras comenzaba a andar más rápido, separándose de Juan y de Sandro.</p>
<p class="MsoNormal">La chica no volteó, por lo que Diego apuró aún más el paso hasta estar justo detrás de ella. Le tocó un omóplato con el dedo para llamar su atención.</p>
<p class="MsoNormal">-Tanya… -le dijo, deteniéndose. La chica volteó y lo miró con una expresión que Diego nunca antes había visto en ella -. Hace mucho que no hablá…</p>
<p class="MsoNormal">Tanya volteó nuevamente y siguió caminando, ignorando completamente al chico. Sin entender nada, Diego se quedó escasos segundos parado en el lugar mientras los estudiantes y Tanya seguían avanzando. Aceleró el paso una vez más, algo nervioso por lo que acababa de pasar. Agarró a Tanya de la túnica instintivamente.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué pasa? –le preguntó, deteniéndola.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Suéltame! –chilló Tanya, mirándolo con odio.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Qué es lo que te pasa, Tanya! –insistió Diego, desesperado y asustado.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Que me sueltes, asqueroso impuro! –le gritó la chica de vuelta, metiéndose una mano al bolsillo de la túnica.</p>
<p class="MsoNormal">Diego la soltó inmediatamente, con el corazón latiéndole fuertemente. Mantuvo la mirada de la chica por varios segundos más en los que ella seguía con la mano metida en el bolsillo. Cuando se oyó la voz de la profesora Hewett atrás de ellos, Tanya sacó la mano de su bolsillo y se volteó nuevamente, caminando rápidamente hacia la casona. Diego, atónito, se quedó parado donde estaba, dejando pasar al grupo de estudiantes por su lado y mojándose el cabello con la lluvia que aún caía en grandes cantidades. Una mano que se posó en su hombro lo sacó de su estado de sorpresa, llevándolo de vuelta a la realidad.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué pasó, Diego? –le preguntó Sandro, poniéndose a su lado a la vez que Juan se ubicaba al otro lado</p>
<p class="MsoNormal">Comenzaron a caminar juntos los tres chicos, recorriendo los pocos metros que les faltaban para llegar a la casona. Diego comenzó a hablar una vez se encontraron subiendo la escalera hacia el segundo piso.</p>
<p class="MsoNormal">-No sé bien… -contestó, taciturno -. Tanya… me trató de impuro.</p>
<p class="MsoNormal">-¡¿Qué?! –exclamó Sandro, sorprendido. Su amigo estaba tan sorprendido como él, ya que había conocido a Tanya a principio de año, cuando había demostrado ser una persona muy agradable y acogedora.</p>
<p class="MsoNormal">-Ya oíste… -le dijo Diego –El mundo mágico no es tan bello como lo imaginábamos.</p>
<p class="MsoNormal">El tema de Tanya se convirtió en algo así como un tema tabú para Sandro y Diego. Ambos se vieron bastante afectados al enterarse que la chica era en realidad purista y que estaba dispuesta a olvidar y rechazar a los chicos por sus ideas. El ánimo de Diego estuvo por lo bajo la última semana de colegio, durante la cual las clases se presentaron más laxas, a diferencia de los castigos de Diego, que seguían tan duros como siempre. Parecía que habían reemplazado a los empleados que hacían limpieza en la casona por los estudiantes castigados, que se encargaban ahora del aseo diario del lugar.</p>
<p class="MsoNormal">Extrañamente, no recibió ninguna respuesta de parte de su madre en esos días. Diego suponía que Casandra esperaría a verlo para conversar el tema frente a frente. No era algo muy común en la mujer, que no dudaba en retarlo a través del teléfono, pero Diego se quedó con esa idea. No vio más a Tanya en ese semestre y tuvo que seguir soportando las molestias de Rebeca y su grupo de amigos cada vez que se cruzaban en los pasillos. Con todo el esfuerzo puesto en ello, el chico seguía con su plan de ignorar totalmente los comentarios de los puristas.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando llegó el día en que partirían los buses hacia el norte, Diego se sintió profundamente aliviado. La última semana de su primer semestre en Lafken fue lo suficientemente tediosa como para que fuera un alivio volver a casa. El hecho de que Tanya lo hubiera rechazado, el enojo de su madre, su riesgo de ser expulsado, los comentarios de Rebeca y los desagradables castigos habían transformado totalmente el estado de ánimo con el que se desenvolvía Diego habitualmente.</p>
<p class="MsoNormal">Se subió al bus junto a Sandro luego de despedirse de Juan, que pasaría las vacaciones en el colegio. Se ubicaron en un sillón ancho, demasiado cerca de Tanya para el gusto de ambos y permanecieron en silencio hasta quedarse dormidos. Se despertó a ratos, sin saber bien en dónde se encontraban ni qué hora era. A decir verdad, no pudo dormir bien ni en el sillón ni en las camas que en el segundo piso había. Luego de despertarse varias veces y echar miradas a Tanya, que conversaba alegremente con sus amigos un par de asientos más allá, había decidido ir a las camas del segundo piso a intentar dormir. Tardó más de una hora en lograr conciliar el sueño. Entre sueños, recordó al día siguiente haberse despedido de Sandro, quien se bajó cuando el bus se detuvo en Valdivia. El resto del viaje se lo pasó durmiendo, teniendo extraños sueños que más que eso parecían recuerdos deformados, como si un recuento de lo que había sido su primer semestre se estuviera paseando en forma de imágenes por su mente.</p>
<p class="MsoNormal">El bus se detuvo de pronto. Diego abrió los ojos y se encontró de costado mirando una pared. Se incorporó y, luego de despertar bien, se levantó. Bajó lentamente al primer piso para ver cómo Tanya caminaba, cargada con su maleta, hacia el pasillo del bus. Habían llegado a Santiago. Sacó su maleta del compartimiento en el que la había guardado antes de salir de Lafken y caminó arrastrándola hacia el exterior del bus.</p>
<p class="MsoNormal">La luz del día lo encandiló apenas salió del transporte. El parque Bustamante a su izquierda le indicó en dónde se encontraban. Una serie de adultos se encontraban de pie junto al autobús, recibiendo a sus hijos. El olor a humedad y el sol radiante de la mañana indicaban que la capital despertaba luego de varios días de lluvia, cosa poco común en esos meses.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Diego! –exclamó una voz femenina al tiempo que un par de brazos le envolvían el cuerpo. Sin dejarle ni un segundo para hacer algo, su madre comenzó a besarlo por toda la cara.</p>
<p class="MsoNormal">-Ya… basta –protestó, intentando cubrirse el rostro con sus manos, dejando caer la maleta.</p>
<p class="MsoNormal">Una vez su madre se separó de él, Diego pudo distinguirla, igual de radiante que siempre a pesar de todo. Junto a ella, su padre, bien vestido como siempre, lo miraba con los brazos cruzados.</p>
<p class="MsoNormal">-Nos debes una explicación, hijo –le dijo su mamá, un tanto acelerada, mientras tomaba su maleta.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo? –preguntó Diego, extrañado, mientras comenzaban a caminar por la calle General Bustamante hacia el oriente.</p>
<p class="MsoNormal">-Aún no nos cuentas por qué fue que hiciste aquella tontería. Siento mucho haberte enviado el <em>vociferador</em>, pero me encontraba muy enojada –le contestó su madre -. Ahora que ya me encuentro más relajada podemos conversar el tema con calma, ¿no? Supongo que te encontrabas muy ocupado y no pudiste escribir.</p>
<p class="MsoNormal">-Pero si te escribí… -dijo Diego, cada vez más sorprendido.</p>
<p class="MsoNormal">-No recibí nada –contestó Casandra, deteniéndose en seco.</p>
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		<title>Capítulo 13: Jueves por la noche</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Apr 2008 23:04:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[El resto del mes de Mayo pareció avanzar lentamente. Las discusiones en clases, que habían aminorado en el mes anterior, comenzaron a estallar nuevamente ante los últimos hechos. Los castigos impuestos a los estudiantes que discutían en clases se volvieron mucho más severos de lo que habían sido hasta el momento, sobre todo en los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=23&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">El resto del mes de Mayo pareció avanzar lentamente. Las discusiones en clases, que habían aminorado en el mes anterior, comenzaron a estallar nuevamente ante los últimos hechos. Los castigos impuestos a los estudiantes que discutían en clases se volvieron mucho más severos de lo que habían sido hasta el momento, sobre todo en los profesores que desde el primer mes demostraron ser los más estrictos. Así, varios de los estudiantes de primer año tuvieron sus primeros castigos, los cuales consistían en su mayoría en limpieza de baños y aula. Quienes antes protagonizaban la mayor parte de las discusiones en clase fueron quienes recibieron los castigos más duros. Rebeca, por ejemplo, fue expulsaba de la clase de la profesora Hewett por un mes, pudiendo entrar solo para los exámenes de final del semestre. Los profesores menos estrictos adoptaron otras estrategias para evitar todo roce entre puristas y anti-puristas. Un ejemplo de esto fue lo que hizo el profesor Fawn, que optó por no utilizar la palabra “ser” para evitar toda discusión o comentarios desagradables de parte de un sector de su clase. Por otro lado, se dieron un par de enfrentamientos mágicos por parte de estudiantes mayores, todos ocasionados por puristas que culpaban a otros estudiantes de haber ocasionado la explosión. Severos castigos fueron impuestos por profesores hacia ellos, aunque más suaves para los puristas, por intervención de la directora. Esto último ocasionó alegatos de muchos alumnos, que fueron acallados mediante más castigos. En resumen, el final de Mayo estuvo cargado de castigos, por lo que para Junio el colegio lucía tan limpio y ordenado como lo habían encontrado el día en que habían llegado a él. Por los días finales de Mayo comenzaron a caer también las primeras lluvias fuertes, a diferencia de las suaves gotas que caían por el mes de Abril esporádicamente. Diego, que no estaba acostumbrado a que lloviera tan seguido, se quedaba en la sala de estar haciendo tareas cuando se largaba a llover. Había otros chicos que preferían caminar bajo la lluvia.<span id="more-23"></span></p>
<p class="MsoNormal">En la última semana de Mayo terminó el proceso de selección de estudiantes para el equipo de Quodpot que participaría en el campeonato ínter escolar que comenzaría en Julio. Sorprendido, Diego a veces salía a ver las prácticas, que no eran suspendidas aunque lloviera o tronara. Resguardado bajo su paraguas, el chico se detenía a ver a los veinte seleccionados, divididos en las prácticas en dos equipos de diez, que habilidosamente volaban a toda velocidad por los aires mientras se arrojaban la quod. Todo el colegio sabía que la profesora Contreras (que se encargaba de ser la entrenadora del equipo) era muy estricta con el equipo, que estaba integrado tanto por puristas como por anti-puristas. Tanto así, que estaba totalmente dispuesta a expulsar a miembros del equipo por pelearse por cosas de sangre. Diego y Sandro eran de la opinión que el equilibro que parecía tener el equipo no duraría mucho. Juan, que aún parecía tener esperanzas en una postura conciliadora, decía que gracias a los esfuerzos de la profesora, el equilibrio podría mantenerse.</p>
<p class="MsoNormal">Las clases particulares de Diego con el profesor Visic y Fawn habían proseguido, esta vez sin interrupciones. De este modo, el muchacho comenzó a adentrarse en teorías, mitos, leyendas y rumores sobre la magia, tanto en sus orígenes como en la actualidad. El profesor Fawn, gracias a sus conocimientos de otras culturas del mundo mágico, había sido un gran aporte para el aprendizaje de Diego, quien salía cada viernes por la noche maravillado. La cantidad de seres que eran capaces de controlar su magia en niveles sorprendentes y sin necesidad de varita ni ningún objeto mágico era algo que al chico lo había sorprendido mucho, y que había sido una puerta más abierta en su mente, a la cual llegaban un millón de preguntas distintas. Luego de cada clase, siempre llegaba a su cama reflexionando en torno a todas las discusiones que habían quedado abiertas.</p>
<p class="MsoNormal">A los estudiantes de primero y segundo comenzaron a llegarle también por esos días las primeras lecciones de parte de los más grandes. Resultaba que por ciertas épocas, según le había contado Juan a Diego y a Sandro, algunos conjuros estaban de moda, generalmente hechizos cuyos efectos servían para jugar bromas. Así, pronto los chicos comenzaron a aprender conjuros sencillos que eran utilizados en secreto para jugar bromas a sus compañeros. Por supuesto, castigos comenzaron a ser impartidos también por realizar ese tipo de bromas, ya que en muchas ocasiones estudiantes anti-puristas comenzaron a utilizarlos en contra de puristas y viceversa. A pesar de que en un principio parecía algo perfectamente superable y hasta incluso divertido (por la emoción que daba hacer cosas contra las reglas establecidas por Xegolt), cuando las sanciones y la “vigilancia” por parte de los profesores más cercanos a la directora (el profesor Salazar más que nadie) aumentaron al punto de que todos los posibles roces entre estudiantes puristas y anti-puristas eran evitados, los estudiantes comenzaron a sentir la incomodidad de la situación. Los partidos de Quodpot solo eran permitidos bajo la tutela de un profesor, los duelos para los estudiantes mayores eran cada vez más restringidos y, por supuesto, los castigos abundaban por cualquier infracción a cualquier regla y de manera mucho más severa que antes.</p>
<p class="MsoNormal">Por ese motivo, cuando recibió la breve carta firmada por el profesor Visic, una oleada de emoción y miedo lo golpeó, además de llevarse una sorpresa por lo que el adulto le pedía en la carta. Se la había entregado un estudiante mayor un jueves por la noche, a mediados de Junio. Lo había alcanzado en un pasillo del tercer piso, cuando Diego caminaba hacia los dormitorios de Quiul. Lo cierto era que el muchacho se había sorprendido mucho cuando el joven lo llamó por su nombre, y mucho más cuando le entregó la carta con una sonrisa de oreja a oreja. Una vez se la hubo entregado, el joven se marchó corriendo por el pasillo. Impaciente, Diego no se había resistido a abrirla en el pasillo y leerla allí mismo, con la poca luz que a esa hora otorgaban las velas.</p>
<p class="MsoNormal"><em>El profesor Fawn nos estará esperando fuera del colegio. Encuéntrame en el puente que está en el límite del colegio, a las 9 p.m. Te lo explicaré todo allí.<br />
Bruno.</em></p>
<p class="MsoNormal">Algo contrariado, Diego caminó con paso apresurado hacia la Sala de Estar. Bruno Visic lo iba a sacar del colegio por esa noche… ¿a qué se debería? Se abrigó mucho y salió a toda velocidad de la Sala de Estar, evitando todas las palabras que pudieran dirigirle Juan o algún otro compañero o compañera. Intentando ser lo más silencioso posible, se escabulló en la oscuridad por los pasillos y escaleras del colegio, deteniéndose en cada esquina a oír si es que alguien paseaba por el pasillo que a continuación recorrería. Para su suerte, era aún relativamente temprano, por lo que la guardia que algunos profesores montaban cerca de la puerta de la casona aún no estaba siendo ejecutada.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando salió de la casona, el frío y el leve sonido de la lluvia que comenzaba a caer le hicieron acomodarse la capa y la bufanda. Comenzó a caminar por el pasto, rumbo al río. Se sentía mucho más seguro caminando fuera de la casona. Fuera de ella no había profesores que pudieran atraparlo. A pesar de que la distancia que tenía que recorrer desde la casona hasta el puente en el que iba a esperar al profesor Visic era relativamente corta, se quedó en los terrenos mucho más tiempo del que esperaba. Bajo la levísima luz que lograba atravesar las nubes que cubrían el cielo, Diego se detuvo en seco al oír murmullos. No pasó ni un segundo desde que el chico se detuvo para que volvieran a escucharse murmullos, que lograban confundirse a ratos con el murmullo que a su vez emitía la leve lluvia. Se mantuvo escuchando varios segundos más, temeroso de que fueran profesores quienes en voz baja conversaban. Sin embargo, una risa conocida le indicó que no se trataba de profesores.</p>
<p class="MsoNormal">Giró hacia su derecha. Lentamente avanzó hacia el lugar del que venían las voces, un grupo de matorrales que protegía a quienes conversaban de la vista de intrusos. Conforme se acercaba, los murmullos se hacían más nítidos y el chico comenzaba a distinguir algunas de las palabras que intercambiaban. Cuando estuvo frente a los matorrales, Diego pudo escuchar a Rebeca.</p>
<p class="MsoNormal">-Shhh… más bajo, imbécil –decía la muchacha en un susurro -. Si nos escuchan, arruinarás todo. Tenemos que tener cuidado… los profesores están cada vez más estrictos.</p>
<p class="MsoNormal">-Pero tenemos a la directora de nuestra parte –contestó otra voz femenina, también en un susurro.</p>
<p class="MsoNormal">-Eso es hasta cierto punto… ella tampoco puede hacer lo que se le venga en gana… -intervino una voz masculina.</p>
<p class="MsoNormal">Mientras escuchaba, Diego se pegaba más y más a los matorrales en su afán de oír mejor la conversación. Intentando no hacer ruido, iba lentamente aplastando su cuerpo contra las ramas y hojas mojadas, avanzando solamente con su pecho y cabeza. Así, luego de pocos segundos terminó parado en la punta de sus pies, con el cuerpo muy inclinado.</p>
<p class="MsoNormal">-Nadie sospecha nada… si es que resulta todo bien la próxima semana, ese asqueroso…</p>
<p class="MsoNormal">La conversación se vio interrumpida por el ruido del rompimiento de varias ramas y el quejido de Diego, que se llenó de dolor. El chico cayó sobre el grupo de ramas que se habían quebrado, enterrándose algunas levemente en el estómago. Su cabeza quedó al otro lado de los matorrales, del lado del que estaba el grupo de muchachos conversando. Fue reconocido enseguida. Antes de que pudiera levantarse, el grupo completo estaba de pie con varita en mano.</p>
<p class="MsoNormal"><em>Rasgrá</em> exclamó una muchacha apuntando a Diego justo en el momento en que este se levantaba. Por muy poco el haz de luz amarillo no le dio. Una vez se hubo puesto de pie, el chico no perdió tiempo y echó a correr hacia el río. La única que lo siguió fue Rebeca, quien corría con la varita en la mano gritando cosas que Diego no alcanzaba a escuchar. Un rayo de luz pasó zumbándole por oído, luego de lo cual el chico miró hacia atrás. La chica se encontraba peligrosamente cerca, el próximo conjuro no lo fallaría. Desesperado, intentó recordar algún conjuro útil. Sin embargo, lo único que se le venía a la mente eran esos estúpidos conjuros de moda.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Locomotor Mortis! –exclamó Diego, apuntando a las piernas de Rebeca. Antes de que la chica pudiera reaccionar, sus piernas se unieron fuertemente, haciendo que, por inercia, cayera de bruces al pasto.</p>
<p class="MsoNormal">Conforme con lo que había logrado hacer, Diego continuó corriendo hacia el puente, el cual ya podía ser visto con la escasa luz que había en el lugar.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Maldito impuro! ¡No sabes lo que acabas de hacer! -chilló Rebeca a la distancia, tirada en el piso -. ¡<em>Rasgrá</em>!</p>
<p class="MsoNormal">Concentrado en correr lo más rápido que podía, el muchacho no se percató del haz de luz amarillo que avanzaba velozmente hacia él, que terminó por darle bajo la oreja, ocasionándole un corte delgado. Dio un grito de dolor y puso su mano sobre el corte, pero continuó corriendo, temeroso de que el resto de los chicos lo estuvieran siguiendo. El corte resultó ser bastante corto y poco profundo, pero el ardor que sentía por el viento al correr le hacía poner muecas de doler a ratos. Un par de segundos después llegó al puente, totalmente protegido por la sombra de un sauce que había al otro lado del río. Guarecido por la oscuridad, era invisible para los ojos del grupo de muchachos que había dejado atrás. Parado en medio del puente, una figura oscura y con capucha miraba a Diego. Se trataba del profesor Visic, que esperaba al chico desde hacía varios minutos. El muchacho le pidió disculpas luego de saludarlo.</p>
<p class="MsoNormal">-No te preocupes –le contestó Bruno, sonriendo -. Te sugiero que te pongas la capucha de la capa.</p>
<p class="MsoNormal">Diego obedeció, sin entender bien porqué le pedía eso el profesor. La intensidad con la que caían las gotas era mucho menor que minutos atrás.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Te ha visto alguien? –inquirió el profesor cuando comenzaron a caminar por el puente.</p>
<p class="MsoNormal">-Mh… sí –contestó tímidamente Diego, que miraba fijamente hacia delante, en donde a lo lejos un grupo de luces evidenciaba la presencia de un pequeño pueblo del que había oído hablar.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Quién?</p>
<p class="MsoNormal">-Rebeca…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Rebeca? –repitió el profesor, incrédulo -. Luego arreglaremos eso…</p>
<p class="MsoNormal">Caminaron en silencio por el camino hacia el pueblito que quedaba junto al colegio. Jamás había ido a ese lugar. No se permitía a los estudiantes de primero salir del colegio. A los de séptimo se les permitía salir durante las tardes y los fines de semana. Según lo que había oído, el lugar en el que se encontraba Lafken era un valle llamado Valle Perdido, en el cual se encontraban, además del colegio, varios poblados. El más cercano, Pineda, era al que aparentemente se dirigían en ese momento.</p>
<p class="MsoNormal">-¿En dónde te vio? –le preguntó el profesor, luego de varios minutos de silencio, cuando ya se podían ver algunas casas.</p>
<p class="MsoNormal">-En los jardines –contestó, mirando al profesor -. Estaba con un grupo de estudiantes escondidos en unas plantas.</p>
<p class="MsoNormal">-Esos puristas… -bufó Bruno, moviendo la cabeza de un lado a otro -. ¿Te vieron salir de los terrenos del colegio?</p>
<p class="MsoNormal">-No sé… corrí hacia el puente, pero me dejaron de seguir antes de llegar.</p>
<p class="MsoNormal">-Espero que no te hayan visto…o te podrías meter en un problema muy grande –le dijo, mirándolo, en el momento en que pasaban un letrero de madera que decía “Bienvenidos a Pineda” -. Oculta tu rostro. No permitas que nadie sepa que eres estudiante de Lafken.</p>
<p class="MsoNormal">Diego procuró que su rostro quedara cubierto por la sombra de la capucha y siguió caminando. Iban por una calle de adoquines, amplia. Las casas, la mayoría bajas y de madera, expelían humo a través de sus chimeneas. Probablemente dentro de ellas estuviera más agradable la temperatura, a diferencia del exterior, en donde el frío parecía penetrar hasta los huesos.</p>
<p class="MsoNormal">-Francisco nos está esperando en una taberna, junto a una amiga –le contó el profesor, luego de doblar una esquina -. Es a esa amiga a quien queremos presentarte. Es alguien de quien puedes aprender mucho.</p>
<p class="MsoNormal">Curioso, Diego no contestó. Permaneció en silencio, imaginándose qué clase de bruja podría ser la que le iban a presentar en breve. Pocos minutos después llegaron a la taberna en la que esperaba el profesor Fawn y su amiga. La taberna se llamaba “Kelpie” y era un lugar muy ameno, lleno de gente con capas de viaje y capuchas puestas. Eran pocos, ciertamente, los que tenían la cara al descubierto. Diego se sorprendió de que no lo miraran cuando entró junto al profesor Visic. Según su lógica, era demasiado bajo como para poder pasar desapercibido.</p>
<p class="MsoNormal">En cuanto llegó a la mesa en la que estaba Francisco Fawn comprendió porqué sí podía pasar desapercibido. Junto al profesor Fawn, que sonrió a Diego cuando se acercó a la mesa, una especie de humana del porte de Diego, de nariz ancha, piel cobriza y cabellos gruesos y grises estaba sentada. Era muy ancha de hombros y de varios de sus gruesos cabellos colgaban piedras semitransparentes sujetas a los cabellos por lana. Diego la saludó antes de sentarse en la mesa. Recordando las palabras de Bruno, no se quitó la capucha. El muchacho se percató de que mucha gente en la taberna se mantenía lejos y miraba a la extraña mujer que estaba junto a Fawn.</p>
<p class="MsoNormal">-Diego, te presento a Misha –le dijo el profesor Fawn, con una sonrisa que resaltó las marcas de edad que tenía por toda la cara -. Misha, él es Diego.</p>
<p class="MsoNormal">Misha asintió, mirando a Diego a los ojos. Tenían los ojos de color verde, con algunas manchas cafés. Evidentemente, se trataba de un ser no-humano. Sentía mucha curiosidad, pero sentía también mucha vergüenza de preguntar de qué clase de criatura se trataba. Quizá pudiera sentirse ofendida. De algo similar había hablado durante las primeras clases de <span> </span>Culturas del Mundo Mágico el mismo Francisco Fawn.</p>
<p class="MsoNormal">-Misha es parte de una cultura no-humana. Viven en profundos túneles cavados por ellos mismos, al interior de la cordillera de los Andes –le contó Francisco al muchacho mientras Bruno le hacía unas señas a un mesero -. Como está de viaje y pasó por acá, quise presentártela. Es una mujer muy sabia, de la que puedes aprender mucho.</p>
<p class="MsoNormal">El profesor le sonrió a su amiga. La conversación prosiguió como cualquier otra. Diego, que pensaba que ello iba a ser algo mucho más académico, se encontró mucho más cómodo con la dinámica que tuvo aquella noche. Simplemente se conocieron, conversaron y compartieron experiencias. Misha era una erm, seres humanoides que rara vez salían de sus profundos y complejos túneles. La erm se encontraba viajando hacia el norte, rumbo a las primeras regiones del país. Allí visitaría otra comunidad erm, con el fin de establecer relaciones para formar una suerte de red de apoyo mutuo. Fue poco lo que preguntó Diego a Misha, pues cada pregunta que se le ocurría venía acompañada de una incertidumbre acerca de cómo podría reaccionar la erm. Sin embargo, durante la noche la conoció y encontró que era un ser muy agradable, aunque un poco seria.</p>
<p class="MsoNormal">A eso de las doce se retiraron de la taberna. Dejaron en la mesa propina para el mesero y varios vasos vacíos, se levantaron y salieron. Afuera corría un viento helado que hizo tener un escalofrío a los cuatro seres. Mientras caminaban hacia las afueras del pueblo, Francisco preguntó a Misha si es que existía la posibilidad de que se reunieran otro día. Lamentablemente, la respuesta fue negativa, pero la erm se comprometió a visitar Pineda cuando volviera del norte. Antes de que la amiga del profesor Fawn entrara a la casa en la que se estaba hospedando, Francisco hizo la petición que Diego había estado deseando hacer hace muchísimo, desde que había oído acerca de la canalización de la magia que hacían los erm a través de su cabello.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Podrías mostrarle a Diego cómo haces magia? –le preguntó a Misha. Esta lo miró con extrañeza, alzando una ceja.</p>
<p class="MsoNormal">Misha se llevó una mano al pelo y rompió uno de los trozos de lana con los que sostenía las piedras. Puso la piedra en la palma de su mano, mirando al profesor de Culturas del Mundo Mágico. Cerró la mano fuertemente, hasta que se oyó un <em>crack</em>. Un chorro de algo similar al humo salió del puño de Misha hacia Fawn, que se quedó muy quieto con la expresión de fascinación que había puesto cuando su amiga había sacado la piedra de su cabello.</p>
<p class="MsoNormal">-Buenas noches –se despidió entre risas la erm, antes de entrar a una de las primeras casas del poblado.</p>
<p class="MsoNormal">Bruno se rió y, apuntando con su varita al profesor Fawn, dijo <em>finite incantatem</em>. Luego de esto, Francisco volvió a moverse. Recién en ese momento Diego entendió lo que acababa de pasar. Misha había petrificado a Fawn de una manera muy extraña. Simplemente lo había mirado y había roto la piedra… ahora entendía, además, por qué los profesores querían que Diego conociera a una erm. La forma que tenían de hacer magia esos seres era algo totalmente distinto de lo conocido por los magos. Volvieron al colegio conversando acerca de la magia de Misha hasta que se encontraron en el puente, cruzando el río que marcaba el límite del colegio. En silencio, avanzaron a zancadas por el césped, hasta llegar a la puerta de la casona. Bruno Visic pegó una oreja a la puerta, oyendo. Hizo una seña con la mano a Fawn y a Diego y abrió la puerta. El casi imperceptible ruido que hizo la gran puerta al abrirse le pareció a Diego en ese momento de silencio absoluto un ruido insoportable, que seguramente despertaría a todo el colegio.</p>
<p class="MsoNormal">Se despidieron en el vestíbulo y, después de que ambos profesores le dijeran que tuviera muchísimo cuidado al subir a su habitación, Diego se fue caminando silenciosamente escaleras arriba. Recién en ese momento se dio cuenta del sueño que tenía. A pesar de eso, intentaba concentrarse lo más que podía en lo que estaba haciendo. Debía procurar no emitir el menor ruido y oír todo lo que pasaba a su alrededor. Varios profesores hacían guardia en distintos pasillos, por lo que el chico debía actuar con la mayor de las precauciones. A paso lento llegó finalmente al dormitorio, en el cual ya todos sus compañeros dormían. Se quitó las zapatillas y se acostó vestido. Lo único que quería en ese momento era dormir.</p>
<p class="MsoNormal">La mañana siguiente lo esperaría con una gran sorpresa. Todo salió extrañamente bien. Se despertó a la hora, se dio una ducha que le quitó todo el frío y bajó a desayunar. El tiempo le alcanzó de manera exacta para poder desayunar relajado, beber varias tazas de leche e incluso comer varias tostadas. Todo avanzaba normal en la primera clase de la mañana, hasta que alguien golpeó la puerta del aula. El profesor dejó de hablar, sorprendido por lo que pasaba. Era extraño que una clase se viera interrumpida por esa razón. Se abrió la puerta y la directora Xegolt entró en el aula, con una sonrisa que a Diego ya no le parecía más que un cinismo enorme.</p>
<p class="MsoNormal">-Diego Acuña, ¿está aquí? –le preguntó al profesor, quien asintió y apuntó a Diego -. Diego, por favor acompáñame.</p>
<p class="MsoNormal">No podía ser tan perfecto. Rebeca lo había visto la noche anterior, era imposible que todo siguiera así como así. Por supuesto… si es que ya no podía agredirlo, entonces utilizaría otros recursos. Diego guardó sus pergaminos, pluma y frascos de tinta en su mochila y salió con ella del aula, seguido de la directora. En silencio llegaron a su oficina, la cual seguía tal cual como la había visto varias semanas atrás el chico. Con una seña, la directora le indicó que se sentara. Una vez ambos se hubieron sentado, Bromgarda Xegolt separó los labios.</p>
<p class="MsoNormal">-Señor Acuña –le dijo, mirándolo a los ojos -. He sido informada de que el día de ayer ha salido de los terrenos del colegio.</p>
<p class="MsoNormal">Diego permaneció en silencio. No se sentía capaz de confirmar lo que la directora le decía, pero tampoco se creía capaz de mentirle.</p>
<p class="MsoNormal">-Grave falta, Diego –continuó -. Ante los últimos sucesos, las políticas del colegio han cambiado. <em>Cierta</em> gente se ha aprovechado de las libertades que el colegio daba, por lo que el castigo para ese tipo de gente es más severo ahora, ¿sabes?</p>
<p class="MsoNormal">Sentía como si la profesora estuviera amenazándolo, como si intentara asustarlo. ¿A qué se referiría con <em>cierta</em> gente? ¿Acaso a los de sangre impura?</p>
<p class="MsoNormal">-Rebeca también estaba fuera anoche… -dijo Diego, muy bajo.</p>
<p class="MsoNormal">-Nadie me ha informado de ello –le contestó la directora, sin dejar de mirarlo directo a los ojos -. Pero, por otro lado, el profesor Salazar me ha dicho que tú saliste de los límites. ¿Qué fuiste a hacer?</p>
<p class="MsoNormal">-Fui a pasear –se apresuró a mentir, nervioso.</p>
<p class="MsoNormal">-A pasear… ¿crees que puedes hacer las cosas así como así? Si quieres permanecer en este colegio, deberás seguir nuestras reglas –le dijo la directora, fríamente. Sacó un rollo de pergamino y, con una gran pluma de color negro, comenzó a escribir en él -. Escribiré a tus padres. Tendrás castigo hasta las vacaciones de invierno y serás expulsado ante cualquier otra infracción, ¿entendido?</p>
<p class="MsoNormal">Diego asintió, manteniendo la fulminante mirada de la directora. Le pareció ver indicios de una sonrisa en la cara de la directora, una sonrisa reprimida. Diego sabía, estaba seguro de que la directora disfrutaba ese momento más que otras cosas. Castigar impuros, esa debía de ser su mayor satisfacción.</p>
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		<title>Capítulo 12: Resistencia</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Apr 2008 02:49:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[Solo los pasos del profesor acompañados por el sonido suave del viento se oyeron por pocos segundos, durante los cuales los estudiantes, atónitos, lo miraron atravesar la cancha hasta el lugar en donde todos luchaban hasta hace pocos segundos. Algunos de los puristas que allí había sonrieron ante la llegada del maestro, entre ellos Ludwig, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=22&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">Solo los pasos del profesor acompañados por el sonido suave del viento se oyeron por pocos segundos, durante los cuales los estudiantes, atónitos, lo miraron atravesar la cancha hasta el lugar en donde todos luchaban hasta hace pocos segundos. Algunos de los puristas que allí había sonrieron ante la llegada del maestro, entre ellos Ludwig, quien tenía el labio roto. Ningún estudiante se atrevió a moverse, por lo que el cuerpo inerte del chico alto y fornido quedó en el olvido bajo el árbol contra el que se había estrellado.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué está pasando aquí? –repitió, preguntándole directamente al grupo de estudiantes puristas.</p>
<p class="MsoNormal">-Al parecer gran parte de este colegio no sabe jugar al quodpot –contestó Ludwig, tocándose el labio roto -. Se han enfadado por nada.<span id="more-22"></span></p>
<p class="MsoNormal">-¡Eso no es cierto! –gritaron desde el otro grupo, en el cual varios estudiantes comenzaban a pronunciar palabras de indignación. Diego, Juan y Sandro tenían una vista perfecta para la situación. Veían a ambos bandos separados por el profesor.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Le he preguntado algo, señor Gutiérrez? –preguntó el profesor. Enseguida todo el grupo que tenía a sus espaldas calló -. ¿Cómo es eso de que se han enfadado por nada? –agregó, continuando con la conversación interrumpida.</p>
<p class="MsoNormal">-Pues que jugábamos al quodpot y se han enojado por la explosión de la quod –contestó Olivia, fingiendo una expresión de sorpresa que no logró. Sin embargo, pareció funcionar para el profesor.</p>
<p class="MsoNormal">-Entonces, ¿todo el conflicto es responsabilidad de ellos? –inquirió.</p>
<p class="MsoNormal">-Así es, pro…</p>
<p class="MsoNormal">-¡Mentira!</p>
<p class="MsoNormal">-¡Malditos!</p>
<p class="MsoNormal">Numerosos gritos llegaron desde el grupo de quienes habían peleado contra los puristas.</p>
<p class="MsoNormal">-<em>Sonorus</em> –dijo en un susurro el profesor, apuntándose con la varita a la garganta. Lo que a continuación dijo se oyó en todo el lugar, como si estuviera amplificada por algo que nadie lograba ver -. ¿Quieren callarse de una vez por todas?</p>
<p class="MsoNormal">Una vez más, el silencio reinó en el lugar. El profesor apuntó una vez más con la varita a su garganta.</p>
<p class="MsoNormal">-Los implicados en esto, por favor acompáñenme. Que alguien despierte a Fernández y le diga que venga –dijo, dándose la vuelta para comenzar a caminar hacia la casona -. Vamos a aclarar la situación ahora mismo… si me hablan de a diez a la vez no podré entender nada.</p>
<p class="MsoNormal">Un grupo de tres estudiantes corrieron hacia el chico alto y fornido y, apuntándolo con la varita, lo despertaron y ayudaron a caminar hacia la casona. Un grupo muy reducido de chicos, en gran parte de primer y segundo año, se quedaron en el borde de la cancha luego de que el numeroso grupo de estudiantes hubieron entrado a la casona acompañados de sus escobas. Los tres amigos intercambiaron miradas, sin decir palabra alguna. Juan parecía ser el más sorprendido.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Viste cómo son de asquerosos esos puristas? –le dijo Sandro a Juan segundos más tarde, cuando entraban a la mansión. El cubano asintió con la cabeza.</p>
<p class="MsoNormal">-Había chicos muy graves… espero que mejoren –comentó Juan a continuación, cuando entraban al comedor corriendo. Diego aún no almorzaba, por lo que les pidió que lo acompañaran a comer.</p>
<p class="MsoNormal">-Si pudo sanar mis quemaduras, los golpes y hechizos van a ser pan comido para el enfermero –le contestó Sandro, dándole unas palmaditas en la espalda y sonriéndole.</p>
<p class="MsoNormal">Al parecer a Juan le hacía falta algo de realidad cruda para tomarle el peso a la situación que hace tiempo venían comentando sus dos amigos. Durante los pocos minutos en los que Diego almorzó, Sandro siguió conversando con Juan, como poniéndolo al día en todos los alocados planes que alguna vez habían formulado las dos primeras víctimas de Rebeca.</p>
<p class="MsoNormal">Después del incidente en los terrenos de Lafken, los estudiantes que antes temían contestarle a Rebeca perdieron, en parte, el miedo. Por ello, las discusiones que antes se formaban en clases entre profesores y el grupo de Rebeca ahora eran entre estudiantes solamente, produciéndose grandes griteríos cuando alguno de los dos grupos comenzaba a perder la paciencia. Esto sucedía en algunas clases solamente, dado que había profesores que simplemente no lo permitían, como la profesora Hewett y el profesor Visic, entre otros. Otras clases, como la de Culturas del Mundo Mágico, eran las que más se prestaban como escenario para las enardecidas discusiones. Sin embargo, una semana después del incidente, los profesores comenzaron a tomar nuevamente el control de sus clases, por medio de la expulsión de muchachos y muchachas de la sala de clases. Durante los primeros días en los que se aplicó esta medida, hubo clases que terminaron con cinco estudiantes. En algunas clases el hecho de la expulsión no era la gran cosa. Simplemente se salía y muchas veces la discusión se continuaba en los pasillos o en los terrenos. Sin embargo, en clases como la del profesor Salazar, quien cada vez que expulsaba a alguien de la clase le asignaba un castigo para el fin de semana, la cosa era más seria. Fue de ese modo que las peleas, que durante el mes de Abril parecieron dispararse en número, fueron haciéndose cada vez menos frecuente. Eso no significaba que el odio que sentían puristas por quienes ellos llamaban “sangre sucia”, “sangre mestiza” y “traidores a la sangre” hubiera desaparecido. Al contrario, las cosas parecieron tensarse mucho más ahora que ya nadie peleaba. Daba la impresión de que en algún momento explotarían todos y que una gran batalla se daría.</p>
<p class="MsoNormal">Al llegar Mayo, ya todos los estudiantes se habían acostumbrado al cambio de hora efectuado en Abril, que tuvo a todos por cerca de dos semanas durmiendo en clases. Las clases comenzaban a ser más complejas a medida que el tiempo transcurría, lo que se traducía en parte en entusiasmo y en parte en mayor exigencia, mayor estudio. Diego ya no se maravillaba tanto en las clases con las cosas que aprendía, pues en cierto modo ya se acostumbraba al tipo de cosas con las que podía encontrarse. Fue al darse cuenta de este hecho que comenzó a sentirse realmente parte del mundo mágico, además de que comenzaba ya a dominar conjuros de mayor complejidad. Había aprendido a regar plantas, mover cosas con mayor facilidad y a encender y apagar luces.</p>
<p class="MsoNormal">En las clases de Deportes Mágicos comenzaban a hacer los primeros juegos de Quodpot. Juan había demostrado ser un estupendo jugador, mientras que a Diego aún le costaba volar controladamente sobre la escoba. Los estudiantes desde tercero a séptimo comenzaban a hacer las pruebas para los equipos de Quodpot del colegio, pues el campeonato nacional comenzaría en poco. A Diego le interesaba mucho la idea. Podría conocer a magos de distintos sectores del país durante los partidos que se celebraran en Lafken. En los diarios murales que había a largo de todo el colegio comenzaban a aparecer los primeros anuncios, todos relacionados con distintos grupos de estudio, investigación y deportes. Los únicos grupos a los cuales podían acceder los estudiantes de primer año eran a algunos grupos de estudio y a los de deportes. Los de investigación tenían ciertos requerimientos de conocimiento, razón por la cual el muchacho no pudo inscribirse en “Teorías de la magia”, un grupo conformado por estudiantes mayores, el profesor Visic y el profesor Fawn. Decepcionado, había decidido no anotarse en ninguna de las listas que había en distintos lugares de la casona.</p>
<p class="MsoNormal">Si no hubiera sido por los feriados que había repartidos antes de Julio, el chico hubiera muerto del cansancio. Los de primer año tuvieron la segunda ola de pruebas durante la tercera semana de Mayo. Esta vez todos los estudiantes habían tomado precauciones en las clases en las que había que tenerlas. La Sala de Estar de Quiul nunca había estado tan llena de libros, pergaminos y estudiantes como la noche anterior a la prueba de Historia de la Magia, por ejemplo. A pesar de agotarse bastante durante las dos primeras semanas de Mayo por el estudio, Diego obtuvo mucho mejores resultados en las pruebas. Otra vez obtuvo el máximo puntaje en la clase Raíces Mágicas de Latinoamérica y, una vez más, el profesor Visic le había pedido que se quedara después de clases. Sin embargo, el motivo de la petición de Bruno Visic había sido totalmente distinto al de la anterior ocasión.</p>
<p class="MsoNormal">-Es increíble, realmente, que hayas obtenido nuevamente el puntaje máximo, Diego –le había dicho, entusiasta, mientras miraba la prueba de Diego -. Pero no es para felicitarte para lo que te he pedido que te quedaras. El mes pasado me comentaste que te gustaba mucho esta clase.</p>
<p class="MsoNormal">Diego asintió con la cabeza, ansioso por saber qué era lo que el profesor le diría.</p>
<p class="MsoNormal">-Dado que los grupos de investigación son reservados para alumnos desde segundo año en adelante, me preguntaba si es que te interesaría ahondar en tus conocimientos sobre las raíces de la magia. Lo que vemos en clase no es más que la punta del iceberg, es incluso más relacionado con historia que con teoría de la magia.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué quiere decir con ahondar mis conocimientos sobre las raíces de la magia?</p>
<p class="MsoNormal">-Pues, como me comentaste acerca de tu interés por la clase, podríamos arreglar algo así como clases particulares en los aspectos que te interesan –le contestó el maestro.</p>
<p class="MsoNormal">-Oh… ya veo –dijo Diego, entendiendo, pero sin saber qué decir.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Te interesa, entonces? –preguntó Bruno, ansioso.</p>
<p class="MsoNormal">-Sí.</p>
<p class="MsoNormal">-Excelente –contestó Visic, sonriente -. Cuéntame qué es lo que te gustaría estudiar en las clases particulares.</p>
<p class="MsoNormal">-No lo sé… -contestó, dudoso. Recordó el grupo en el cual no había podido inscribirse –Había pensado en inscribirme en el grupo de Teoría de la Magia, pero no pude, por ser de primero…</p>
<p class="MsoNormal">-¡Ajá! –exclamó, contentísimo, el profesor -. Sabía que te interesarías en ese grupo de investigación. ¿Te parece si arreglamos clases conmigo y el profesor Fawn para comenzar a introducirte en todo ello?</p>
<p class="MsoNormal">-¡Claro! Sería fantástico –aceptó el chico, radiante. Era una propuesta mucho mejor de lo que se esperaba.</p>
<p class="MsoNormal">-Incluso, quizá a fin de año o antes pudieras unirte al grupo. Todo eso depende del progreso que tengamos –agregó Visic, mientras enrollaba los pergaminos que habían esparcidos en su mesa.</p>
<p class="MsoNormal">-Muchas gracias, profesor.</p>
<p class="MsoNormal">-No hay de qué. ¿Te parece bien los viernes a las siete?</p>
<p class="MsoNormal">-¡Sí!</p>
<p class="MsoNormal">Varios minutos más tarde contaría a Juan y a Sandro acerca de sus clases con el profesor Visic y Fawn. Los chicos mostraron gran entusiasmo por la noticia que su amigo les comunicó. Estuvieron conversando animosamente durante gran parte de la tarde, especulando acerca de las cosas que le enseñarían a Diego, quien prometió luego enseñárselas a ambos muchachos.</p>
<p class="MsoNormal">El resto de la semana pasó volando, quizá por la poca cantidad de cosas que tenían por hacer luego de dar las pruebas o quizá por el ansia de Diego de tener sus clases particulares con el profesor Visic y Fawn. El viernes a las seis con treinta, Diego comenzó a echar en su mochila las cosas que necesitaría para la clase. Luego de echar pergaminos, su pluma y varios frascos de tinta, se quedó sentado sobre su cama mirando su varita. Probablemente dentro de los próximos meses averiguaría el porqué de la gran conexión que sentía por el objeto. Sandro pensaba lo mismo. Lo había comentado con él hace mucho tiempo y había averiguado que su amigo no sentía lo mismo por su varita. Quizá era algo particular de la varita o quizá algo particular de él. Había pensado tanto en ello durante el año que ya la intriga era mucho menor de lo que en un principio había sido. Ese viernes, el muchacho sintió que esa intriga volvía a activarse ante la posibilidad de averiguar porqué sentía esa conexión con el objeto.</p>
<p class="MsoNormal">A las siete en punto estuvo frente a la puerta del aula de Raíces Mágicas de América, en el pasillo del cuarto piso. En no más de cinco minutos llegó Bruno Visic, doblando radiante por una esquina. Saludó a Diego enérgicamente y abrió la puerta del aula, invitándolo a pasar. El maestro encendió las velas que había en las paredes de la sala, sujetas por candelabros.</p>
<p class="MsoNormal">-Ponte cómodo, Diego –le dijo Bruno, haciendo un movimiento con su varita, después de lo cual dos grandes cojines entraron volando a la sala, cayendo justo a los pies del profesor. Le pasó uno de ellos al chico, sonriéndole -. No quiero que pienses en estas clases como las clases comunes del colegio. Aquí aprenderás por gusto, por lo que podemos estar en un ambiente más agradable.</p>
<p class="MsoNormal">Extrañado, Diego se sentó en el blando cojín. Sacó de su mochila todo lo que había llevado para la clase, dispuesto a anotar algunas de las ideas que el profesor dijera. Había aprendido –forzosamente –a tomar apuntes durante los meses que llevaba en el colegio, cosa que en ese momento apreciaba mucho.</p>
<p class="MsoNormal">-Bueno, para hoy he preparado una especie de introducción a lo que trabajaremos, una mirada más bien general –comenzó el profesor, mirando un pergamino que sujetaba con la mano derecha. Diego asintió, como diciéndole que comenzara. El profesor se detuvo unos segundos, tomó aire y comenzó a hablar de nuevamente -. Verás, no se sabe con certeza cuál es el origen de la magia. Es decir, no se tiene constancia de por qué existen ciertos seres que tienen estos poderes que llamamos magia.</p>
<p class="MsoNormal">“En cuanto a historia, se entrelaza con el origen de la vida en el planeta. Es difícil de explicar, pues no se sabe tampoco con certeza si la magia es algo dependiente o no de la vida animal y vegetal. Por eso, hay muchísimas teorías acerca de esto. Mucha gente piensa que depende del humano. El humano, por su capacidad intelectual más desarrollada que el resto de los animales, habría logrado explorar en capacidades que antes no se habían descubierto. Otros plantean que no es algo dependiente de la vida animal y que, en cambio, la magia tendría su origen en la vida vegetal. En ese sentido, habrían sido los herbívoros los primeros animales en poseer capacidades mágicas.</p>
<p class="MsoNormal">“A pesar de todo, es una discusión que no ha dado frutos en todos los siglos en los que se ha dado. Sin embargo, ciertas experiencias han podido dar origen a más teorías, más cercanas a la realidad y a la utilidad que el hecho de discutir acerca del origen de la magia. La varita mágica es un claro ejemplo de ello. En la antigüedad (hablo de años realmente remotos, muchísimo antes de los griegos), las varitas mágicas no existían. Por ello, el número de magos existentes era aún más reducido del actual, pues se consideraba mago a alguien que aprendía a controlar sus capacidades mágicas, sin necesidad de varita. Son aún más escasos actualmente los magos que son capaces de controlar la magia sin necesidad de ella. Probablemente ninguno de nosotros dos lo haga nunca en su vida. En fin, los fabricantes de varitas mágicas son gente muy sabia, que ha aprendido muchísimas lecciones acerca de la magia y que las ha aplicado en la fabricación de objetos que ayudan a canalizar esta capacidad. No existe una escuela de fabricantes. Cada uno aprende por su cuenta, según sus propias experiencias. En realidad es algo fascinante.</p>
<p class="MsoNormal">“Del mismo modo podemos ver a los investigadores y gente que ha creado conjuros. Son gente que ha sido capaz de convertir una intención en algo real, convertir el deseo en hecho, algo que también tiene que ver con…</p>
<p class="MsoNormal">¡Boom! Un sonido ronco y estridente dejó mudo al profesor, que abrió los ojos enormemente. Se puso de pie de un salto, miró a Diego y salió corriendo del aula. El chico imitó al profesor, corriendo tras él. Corrieron hasta el final del pasillo y bajaron por las escaleras a toda prisa. Luego de doblar un par de esquinas, se hallaron ante una pared ennegrecida, con un agujero en mitad de ella. Se detuvieron en seco a observar el resultado de la explosión que acababa de suceder. No tardaron más de dos segundos en asistir más personas al lugar. La profesora Hewett, el profesor Salazar y un grupo de estudiantes mayores llegaron igual de sobresaltados que Diego y el profesor Visic.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué pasó? –preguntó Hewett a Visic.</p>
<p class="MsoNormal">-No tengo idea. Escuché la explosión desde el cuarto piso y bajé a ver –le contestó el profesor.</p>
<p class="MsoNormal">Más gente comenzó a llegar al lugar de los hechos cuando unas líneas de color plateado comenzaron a aparecer junto al agujero en la pared. Pronto, las líneas comenzaron a unirse entre sí, formando letras que, a su vez, formaban palabras. Un segundo después de que las letras comenzaran a formarse pudo leerse en la pared un mensaje que pareció irritar a algunos estudiantes, que tensaron sus rostros.</p>
<p class="MsoNormal">“<em>Tiemblen puristas. Hoy ha sido esta pared, mañana sus ideas</em>”</p>
<p class="MsoNormal">Diego sintió una sensación mezcla de emoción y de decepción en las palabras. Por un lado, le emocionaba y le ponía feliz que ahora quienes se oponían a los puristas estuvieran alzando la voz. Sin embargo, el mensaje violento le producía cierta reticencia. Siempre le había molestado un poco la violencia, a pesar de que en muchas ocasiones se había dejado llevar por las emociones.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué significa esto? –chilló alguien desde el fondo del pasillo. Bromgarda Xegolt corría hacia el lugar en el que la multitud se encontraba. Cuando pudo leer el mensaje en la pared, palideció un poco -. Esto ya es demasiado. ¡Todos los estudiantes a sus cuartos! ¡Enseguida! Profesores, por favor quédense.</p>
<p class="MsoNormal">Los estudiantes comenzaron a irse del lugar conversando acerca de lo que acababan de ver. Diego, sin esperar, corrió al cuarto piso a buscar sus cosas, que habían quedado en el aula de Raíces Mágicas de América. Luego de ello, subió al quinto piso, a la  Sala de Estar de Quiul, en donde se encontró con Juan, quien conversaba enérgicamente con Carlos y algunos chicos de segundo. Se acercó al grupo a conversar. Tal y como esperaba, estaban hablando de lo acontecido hace poco.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Quién creen que lo haya hecho? –preguntaba Carlos, mirando a todos, cuando Diego se acercó.</p>
<p class="MsoNormal">-Quizá fue algún profesor –aventuró Juan.</p>
<p class="MsoNormal">-No lo creo –dijo una chica pelirroja que Diego había visto antes en la Sala de Estar.</p>
<p class="MsoNormal">-Sí, tampoco yo creo que haya sido un profesor –agregó un chico de segundo -. He oído que la directora Xegolt tiene muy bien vigilados a los profesores.</p>
<p class="MsoNormal">-Pero eso es solo un rumor –contestó Juan.</p>
<p class="MsoNormal">-Un profesor no se arriesgaría a perder su empleo por algo así –señaló la pelirroja.</p>
<p class="MsoNormal">-Si, tienes razón –dijo Diego, pensativo -. Entonces quizá hayan sido estudiantes…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Y arriesgarse a una expulsión? –inquirió el chico de segundo.</p>
<p class="MsoNormal">-Mh… aún así, no creo que sea lo mismo que perder el trabajo –le contestó la chica pelirroja -. En el caso de nosotros, podemos ir a otro colegio, ¿no? En cambio el profesor pierde el dinero con el cual vive.</p>
<p class="MsoNormal">-Entonces, ¿quién creen que haya sido? –insistió Carlos.</p>
<p class="MsoNormal">-Debe haber sido un estudiante mayor… no cualquiera puede hacer un agujero en una pared –dijo Juan.</p>
<p class="MsoNormal">-O quizá fue un grupo de ellos –sugirió Ernesto, el chico el segundo.</p>
<p class="MsoNormal">En ese momento, la profesora Hewett entró en la sala de estar, algo alterada. Aplaudió un par de veces, para llamar la atención de los estudiantes.</p>
<p class="MsoNormal">-Muchachos, siento mucho hacerles esto, pero la directora Xegolt ha ordenado que todos se vayan a acostar ahora –dijo en voz alta, con voz de fastidiada.</p>
<p class="MsoNormal">Varios chicos y chicas comenzaron a quejarse en voz alta, arguyendo lo temprano que era.</p>
<p class="MsoNormal">-No es decisión mía –agregó la maestra, elevando la voz -. Créanme que no es lo que yo quiero. Pero si no lo hacen, la perjudicada seré yo. Por favor, chicos.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Ven? Ningún profesor se arriesga siquiera a desobedecer a Xegolt –dijo en un susurro la chica pelirroja, antes de ponerse de pie y marcharse al cuarto de chicas.</p>
<p class="MsoNormal">Los estudiantes que llenaban la sala de estar comenzaron a agolparse en los pasillos que conducían a los cuartos, aún quejándose algunos en voz alta. Diego se fue junto a Juan, conversando aún acerca de quién pudo ser el responsable. Entre sus opciones estaban el chico alto y fornido que había luchado contra Ludwig luego del partido de Quodpot y el resto de los miembros de ese equipo. Ambos junto a Carlos se quedaron conversando hasta muy altas horas de la noche en susurros, intentando no despertar a Hugo, que había demostrado a los chicos lo agresivo que podía ser si lo irritaban.</p>
<p class="MsoNormal">Antes de dormirse, los chicos habían llegado a la triste conclusión de que probablemente en los próximos días ciertos profesores se pondrían mucho más severos en cuanto a los castigos por las discusiones en clases, cosa que comprobarían ellos mismos al día siguiente.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Capítulo 11: Puristas e impuros</title>
		<link>http://sangredorada.wordpress.com/2008/04/14/capitulo-11-puristas-e-impuros/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2008 03:14:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[-¡Es una locura! –exclamó Sandro al día siguiente. Apenas se había enterado de que ya estaba bien, Diego había ido a buscarlo a la enfermería.
Habían salido entonces a los terrenos del colegio y se habían puesto a conversar a la orilla del río, como solían hacer. El viento soplaba, haciendo el día mucho más fresco [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=21&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">-¡Es una locura! –exclamó Sandro al día siguiente. Apenas se había enterado de que ya estaba bien, Diego había ido a buscarlo a la enfermería.</p>
<p class="MsoNormal">Habían salido entonces a los terrenos del colegio y se habían puesto a conversar a la orilla del río, como solían hacer. El viento soplaba, haciendo el día mucho más fresco de lo que habían sido hasta ahora los primeros días de algo que no parecía anunciar ningún otoño. Luego de contarle todo lo que había averiguado, el rubio se había quedado perplejo. Al igual que a Diego, le parecía ridículo que gente así pudiera ser directora de un colegio.</p>
<p class="MsoNormal">-Así es… y todo por culpa del Consejo Escolar, que está lleno de puristas o como les llamen –contestó Diego, arrojando una piedra al agua. Realmente le preocupaba la situación.</p>
<p class="MsoNormal">-Entonces, ¿no van a recibir ningún castigo? –preguntó Sandro, como confirmando todo lo que le había dicho su amigo.</p>
<p class="MsoNormal">-A no ser que inventes alguna historia en la que dejes de ser hijo de <em>muggles</em>, no creo.</p>
<p class="MsoNormal">No supo bien cómo interpretar la expresión que puso Sandro. Le pareció, en un principio, que fue algo así como un “buena idea”, pero le parecía algo demasiado ridículo como para que su amigo fuera a intentarlo. El chico de Pumaquel había quedado con marcas en la cara, como quemaduras.<span id="more-21"></span></p>
<p class="MsoNormal">Apenas se habían visto, Sandro le había contado lo que le había pasado. Lo habían abordado en el comedor, frente a todos. Se las habían empeñado en sacarlo de allí. Por supuesto, como ya habían sido descubiertos por la profesora Hewett esta vez tomaron más precauciones. Fue en el cuarto piso en donde comenzaron a golpearlo, cosa que el mismo Sandro no permitió. Con mucho orgullo le contó cómo le devolvió un puñetazo a Ludwig, cosa que en realidad no sirvió de mucho, pues el mago de cuarto año ni se inmutó. A cambio, se había ganado una maldición de parte de la chica de cuarto, haciendo que sintiera un ardor tremendo en la cara, tanto así que se había desmayado. Ahora exhibía unas seis manchas color rojo en las mejillas, ceja y mentón, recuerdo del suceso.</p>
<p class="MsoNormal">Acompañó a su amigo hasta el cuarto piso. Mientras Diego se iba a la Sala de Estar de Quiul, Sandro se dirigió a la ventana a través de la cual llegaría a la oficina de Bromgarda Xegolt. Se había atrasado mucho con la materia, por lo que estuvo luego de clases toda la tarde consiguiendo y copiando apuntes de sus compañeros. No fue sino hasta el día siguiente que se enteró de que era definitivo que los chicos no recibirían castigo alguno. El trato que le había dado la directora a Sandro había sido similar al que le había dado a Diego. Sin darle demasiada importancia, finalmente había declarado que no habría castigo alguno ni para Rebeca ni para Ludwig y Olivia (la chica que los acompañaba). Todo esto, con la excusa de que Sandro y Diego los habrían provocado. El chico ya se había hecho la idea de ello, pero su amigo parecía que no tanto. Sandro mantenía una sensación de incredulidad que se reflejaba en su rostro, tal como le había pasado en un principio a Diego. La ira que el chico sentía se había ya impregnado a su cuerpo. No significaba ello que estuviera de mal humor ni mucho menos. Era más bien un recordatorio, algo que le decía que tenía que hacer algo. Estaba calmado, de hecho, mucho más de lo que había estado desde hacía varios días.</p>
<p class="MsoNormal">-No puedo irme –dijo súbitamente Sandro.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo?</p>
<p class="MsoNormal">-No puedo irme.</p>
<p class="MsoNormal">El muchacho se quedó mirando a su amigo, sorprendido. Se le había olvidado que Sandro pretendía irse, por lo que sus palabras en primera instancia no habían hecho sentido en la cabeza de Diego.</p>
<p class="MsoNormal">-No puedo dejarte aquí, ni dejar que Rebeca y gente como ella sigan haciendo esas cosas –explicó -. ¡La directora está de su lado!</p>
<p class="MsoNormal">No hablaron más. Se quedaron en silencio mucho tiempo, ambos mirando el agua del río, que parecía que cada día pasaba con más fuerza. Así que Sandro se quedaría… no supo qué decirle. De hecho, nunca le dijo nada con respecto a eso. Ni siquiera en un principio se puso feliz. Fue como si el hecho de que Sandro se hubiera quedado significara más comenzar a pensar en qué hacer para detener a Rebeca que el mismo hecho de que el chico se quedara.</p>
<p class="MsoNormal">La reincorporación a las clases les mostró a ambos amigos que el rumor de lo que había pasado se había extendido por todo el colegio. Mucha gente los miraba en los pasillos y conversaban cuando pasaban. En realidad eso tomó a Diego sin cuidado. Más le preocupó el hecho de que en un par de ocasiones se cruzara en un pasillo con Ludwig y Olivia, quienes lo miraron con sonrisas maliciosas. Por hechos como ese y los comentarios de Rebeca se dieron cuenta de que el tema no se detendría allí. Quedaba claro por qué ambos chicos deberían quedarse en Lafken. A pesar de haber dejado de molestar específicamente a Sandro, pareciera como si Rebeca y su creciente grupo de amigos se hubieran entusiasmado, comenzando a molestar ahora a otras personas. El mayor foco de molestia eran las clases de Culturas del Mundo Mágico y Estudio de Animales Mágicos, en las cuales se formaban grandes discusiones entre los profesores y ciertos estudiantes, aunque nunca entre estudiantes. Nadie se atrevía a contestarle a Rebeca. Eso era algo que irritaba mucho a Diego, a quien también le daba cierto temor contestarle. Rebeca y su grupo de amigos comenzaban a ganar respeto poco a poco, a costa del miedo que generaba lo que le habían hecho a Diego y a Sandro (y sobre todo a Sandro, dadas las cicatrices que le habían quedado en el rostro).</p>
<p class="MsoNormal">A pesar de todo, la vuelta a clases hizo que Diego se distrajera un poco. Volvió a tener el entusiasmo de antes con respecto al aprendizaje y a sentir esa conexión con su varita. En cierta medida sentía como si el objeto sintiera la molestia del chico. Siguieron estudiando distintas culturas mágicas, animales, conjuros e historia. Finalmente los magos novatos comenzaban a dominar algunos conjuros, pudiendo a final de mes mover objetos pequeños por el aire, con la varita como única ayuda. La clase de Culturas del Mundo Mágico era la que más lento avanzó en un principio, por las interrupciones constante de un grupo de estudiantes que se rehusaba a estudiar a “bestias” como si fueran seres. Finalmente, el profesor –que en un principio intentaba seguir con la clase como si nada pasara –terminó por expulsar de la sala a varios estudiantes. Dejó a todos sorprendidos, ya que el profesor durante todo el primer mes había demostrado ser alguien bastante sumiso a los desagradables comentarios y discusiones que comenzaban Rebeca y su grupo de amigos. En la clase de Deportes Mágicos comenzaron a hacer carreras y a practicar distintas hazañas montados en las escobas. Como no todos tenían el mismo nivel montando la escoba, la clase se dividió en dos partes. Una vez a la semana practicaban montando la escoba y volando a través de distintos obstáculos y en la otra clase de la semana hacían carreras y practicaban con balones. A pesar de que el chico aún no dominaba del todo volar sobre la escoba, le entusiasmaba mucho practicar con balones, cosa que en realidad le costaba mucho.</p>
<p class="MsoNormal">Aprendió finalmente a ignorar a Rebeca, al igual que Sandro. Le sorprendía en realidad cómo su amigo había ganado la fortaleza de ignorar los ofensivos comentarios de la chica, que a ratos lo molestaba por las cicatrices que quedaron en su rostro. Por las tardes, muchas veces el par de chicos se encontraron planificando formas de vengarse de Rebeca, imaginándose distintas situaciones e incluso muchas veces yendo a la biblioteca para leer sobre maleficios. Lo cierto era que todo ello era más un juego que algo enserio, aunque no se puede negar que ambos sí tenían todas las ganas de vengarse de ella.</p>
<p class="MsoNormal">Durante el mes de Abril también comenzaron las primeras pruebas. Todos los estudiantes de primer año se habían olvidado de que existían las pruebas (que parecían ser no más que un mal recuerdo de alguna vida pasada) hasta que los profesores comenzaron a anunciarlos con dos semanas de anticipación. Fue entonces cuando el pánico comenzó a sembrarse entre los estudiantes de primero. Los más grandes se divertían diciéndoles lo duro que eran los exámenes, las cosas que deberían estudiar y regalando sus apuntes de años pasados. Diego, quien no era muy estudioso, no le prestó demasiada importancia al tema. Estudiaba solo las cosas que le divertían, como Hechizos Cotidianos, Hechizos Avanzados, Raíces mágicas de América y Preparación de pociones, aunque en realidad lo que hacía no se podía llamar estudio. Más bien experimentaba, conjuraba los hechizos que le costaban más y leía libros en la biblioteca, como quien lee un cuento. A pesar de no ser riguroso en ello, sentía que aprendía bastante haciendo estas cosas. Como algunas clases (como las relacionadas con conjuros) avanzaban relativamente lento, las pruebas no eran demasiado complejas, no era mucha la información que había que estudiar.</p>
<p class="MsoNormal">Pasados los exámenes Diego aprendió acerca de rigurosidad. En las pruebas de Historia de la  Magia y Estudio de Animales Mágicos le fue bastante mal, aunque fue algo más bien generalizado. La profesora Hewett y el profesor Salazar (el profesor de Estudio de Animales Mágicos) demostraron ser los más severos en cuanto a exámenes. En realidad era algo que ellos ya habían advertido a los chicos, pero, por supuesto, nadie los había tomado muy enserio. Un dos coma cuatro y un tres coma cinco obtuvo Diego en aquellos exámenes. No le dio la suficiente importancia hasta que recibió cartas de su madre y de su padre. Todas las notas de los exámenes eran entregadas también a los padres, cosa de la que Diego no tenía idea. Por eso le sorprendió tanto cuando recibió ambas cartas, que parecían más amenazas que otra cosa. Para su mala suerte, los desastrosos exámenes de Historia y Estudio de Animales Mágicos habían sido los primeros, por lo que la impresión que se llevaron sus padres fue mucho peor de la que ellos mismos se hubieran podido imaginar. Ni siquiera en su colegio <em>muggle</em> obtenía esa clase de notas.</p>
<p class="MsoNormal">Una semana después obtendría mejores calificaciones. En el resto de las pruebas tuvo notas más decentes, que fluctuaron entre el cuatro coma ocho y la nota máxima, el siete. Fue en el examen de Raíces mágicas de América en el que obtuvo el máximo. Luego de la clase en la que entregó los resultados, Bruno Visic pidió a Diego que se quedara durante el recreo para felicitarlo. Lo miró a los ojos durante su conversación, en la que el profesor le comunicó lo sorprendido que estaba por la exactitud con la que trató los distintos temas que hubo en la prueba. Diego contestó humildemente que se debía al gusto que tenía por la clase, lo sorprendido que quedaba cada vez que se informaba acerca de algo nuevo en la historia mágica de América y que por ello le gustaba mucho leer y aprender más acerca del tema. El profesor Visic lucía extrañamente feliz. Ahora que el chico sabía que había sido sacado del puesto de director por el Consejo Escolar Mágico, le parecía extraño que pudiera tener una actitud tan despreocupada. Se sintió tentado durante muchos minutos a preguntarle acerca de lo que había pasado antes del inicio de clases, pero no sabía cómo hacerlo sin interrumpir la conversación. Aprovechó un momento de silencio para hacerlo.</p>
<p class="MsoNormal">-Profesor… -comenzó a decir Diego, captando la atención del maestro, que comenzaba a guardar sus pergaminos en un bolso de cuero –quería preguntarle algo.</p>
<p class="MsoNormal">-Por supuesto, adelante –le dijo el profesor con una sonrisa. Probablemente pensaba que era relacionado a la clase.</p>
<p class="MsoNormal">-Lo que pasa es que… usted era el director cuando yo recibí la carta para venir a Lafken –le dijo, como dándose vueltas antes de entrar en el tema.</p>
<p class="MsoNormal">-Así es –contestó Visic, mirándolo fijamente. Se detuvo en el acto y quedó con la mirada fija en los ojos de Diego.</p>
<p class="MsoNormal">-Me contaron… que el Consejo Escolar lo sacó de su puesto…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Quién te contó eso? –lo interrumpió, abriendo un poco más los ojos.</p>
<p class="MsoNormal">-La profesora Hewett –contestó con simpleza. Parecía como si ese fuera un dato que el profesor no quisiera que fuera conocido. Visic no contestó, por lo que el chico decidió continuar -. Hace poco tuve problemas con una chica y… no sé. La directora Xegolt es…</p>
<p class="MsoNormal">-Te entiendo a la perfección, Diego –dijo el profesor, sin permitirle terminar de nuevo. Se acercó al chico y le puso una mano en el hombro -. La sensación de impotencia, de injusticia que sientes, es lo mismo que yo sentí cuando me sacaron de mi puesto como director –Diego no se esperaba que el profesor comenzara a hablar de eso hasta que le preguntara -. La directora Xegolt no es ciertamente la mejor en su puesto. Supe de tu problema y de la decisión que tomó la directora… -terminó de guardar sus papeles y luego se dirigió nuevamente a Diego –pero no hay nada que hacer.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo dice eso? –preguntó Diego, sorprendido -. ¡Hay que hacer algo!</p>
<p class="MsoNormal">-Es inútil, Diego –le contestó con aire deprimido -. El poder está en manos de otros.</p>
<p class="MsoNormal">Suspiró y se retiró del aula, dejando a Diego solo y atónito. No sabía qué era lo que sentía. No sabía si estaba sorprendido o si, por otro lado, había aprendido una lección de las palabras de Bruno Visic. Salió de la sala confundido, con su mochila al hombro. Pensativo, caminó por los pasillos hacia los terrenos del colegio. Era hora de almuerzo, pero aún no quería comer. Salir un momento a recostarse en el césped le haría bien. Cuando estuvo en el segundo piso se encontró con Juan. Venía del comedor y saludó alegremente al chico.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo estás Diego? –le dijo, sonriendo -. ¿Te animas a ir a los terrenos? Oí que los chicos mayores van a jugar al Quodpot.</p>
<p class="MsoNormal">La sonrisa sincera de su amigo lo animó a acompañarlo. En algún otro momento podría pensar en lo que le había dicho el profesor Visic. Caminaron por los terrenos más allá de los invernaderos. Justo detrás de estos había una amplia cancha marcada por una especie de polvo dorado. En sus extremos, dos calderos llenos de una sustancia que Diego no reconoció. Varios chicos y chicas estaban conversando en medio de la cancha y alrededor de ella muchos otros estudiantes se congregaban a ver el partido de Quodpot que en poco comenzaría. Según lo que oyó, el profesor Grenhu había aceptado hechizar la pelota con el conjuro adecuado para jugar al Quodpot. Alcanzarían a jugar solo un punto, pero daba igual. Los dos equipos de cuatro estudiantes cada uno (no eran tantos ni tantas escobas como para jugar un partido con once jugadores por lado) se pusieron en los extremos de la cancha. En el medio, una chica alta y morena sostenía la pelota en el aire con su varita. Luego de un silbido muy fuerte, la chica lanzó la pelota al aire, ante lo cual los ocho jugadores se alzaron por los aires montados en sus escobas, dispuestos a agarrar la pelota que ascendía.</p>
<p class="MsoNormal">El Quodpot era un deporte muy popular en América, a pesar de que debía competir con el Quidditch, un deporte mundialmente popular. Se juega con once jugadores por equipo, los cuales intentan meter la pelota (denominada quod) en el caldero del lado opuesto (el pot), el cual tiene dentro de sí una sustancia que anula el conjuro que tiene la pelota. De no ser puesta en el caldero, el conjuro hará que la pelota explote (una explosión pequeña, claro) luego de un tiempo indefinido en manos de quien la lleve. El jugador que la cargue en el momento en que explote debe salir de la cancha.</p>
<p class="MsoNormal">El partido comenzó y, mientras los espectadores gritaban palabras de apoyo a sus distintos amigos, los jugadores volaban impresionantemente a distintas alturas, lanzándose la pelota los unos a los otros, esquivando a los jugadores que intentaban robar el balón, robando ellos mismos el balón y haciendo distintas piruetas de vez en cuando. Se mantuvieron jugando cerca de quince minutos, en los cuales todos los presentes estaban con los nervios de punta, ansiosos pero a la vez temerosos por la inminente explosión de la quod.</p>
<p class="MsoNormal">Durante el juego, se le acercó Sandro, que venía desde la casona. Diego se alegró mucho de la llegada de su amigo, pues estaba volviéndose loco por contarle a alguien lo que Bruno Visic le había dicho. Ese alguien no podía ser otro que Sandro, con quien comentaba absolutamente todo. Juan era también muy amigo suyo, pero no solían conversar de temas relativos a la pureza de sangre, planes para fastidiar a Rebeca ni nada parecido. Así, hablando muy en voz baja e intentando escucharse a pesar de los gritos, Diego le contó con lujo de detalles todo lo que había pasado luego de la clase de Raíces mágicas de América. Extrañado, Sandro no le dio demasiada importancia. Su único comentario fue que Bruno Visic era de las personas que menos esperaba que se rindiera, pero que ya daba igual, que él no se rendiría. Diego no se tranquilizó. Él tampoco se rendiría, pero la resignación del profesor le preocupaba bastante. “El poder está en manos de otros”. Estaba seguro de que esa frase decía mucho más de lo que aparentaba decir. Tendría que indagar mucho más en ella.</p>
<p class="MsoNormal">Un grito generalizado lo sacó de sus pensamientos, trayéndolo de vuelta a los terrenos de Lafken. Finalmente habían anotado un punto y los jugadores descendían. Algunos estudiantes espectadores aplaudían a los ganadores. Probablemente había sido un buen juego. A Diego lo traía sin cuidado, a decir verdad. Le habría gustado ver el partido, pero su preocupación ahora eran las palabras del ex-director. Mirando hacia cualquier lugar con la mirada perdida, Diego se percató de que un grupo de personas se acercaba a la cancha. Eran ocho, todos con escobas bajo el brazo. A decir verdad, las escobas que traían los recién llegados se veían mucho más nuevas que las de los chicos que acababan de jugar. Las ramitas estaban todas alineadas y ordenadas, el palo brillaba y tenían inscripciones talladas. Del grupo de estudiantes que acababa de llegar reconoció a Ludwig y a Olivia, ambos con excelentes escobas y sonrisas socarronas.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Otro partido? –preguntó en voz alta una chica de cabello ondulado y teñido de color rojo oscuro.</p>
<p class="MsoNormal">Los que acababan de terminar el partido voltearon para ver a los recién llegados. Era evidente que su presencia no era agradable, por los rostros que pusieron al reconocerlos. Todos guardaron silencio, para escuchar la respuesta.</p>
<p class="MsoNormal">-No sabemos realizar el hechizo para convertir la pelota en quod –contestó un chico que sacaba la pelota –con unos guantes puestos -del caldero en el que la habían colocado.</p>
<p class="MsoNormal">-Nosotros sí –contestó Olivia desde la parte posterior del grupo. El ambiente se puso un poco más tenso. La razón que había dado el chico que sacaba la pelota del caldero no había sido más que una excusa para no jugar con el grupo de chicos que acababa de llegar.</p>
<p class="MsoNormal">-Entonces está bien –contestó finalmente un chico alto y fornido, que miraba fijamente a Ludwig -. Puede que sea divertido.</p>
<p class="MsoNormal">Los recién llegados sonrieron y fueron a ubicarse a un extremo de la cancha. Olivia recibió la pelota de manos de quien la acababa de sacar del caldero y, apuntándola con la varita, susurró unas palabras en voz baja. La otra vez quod brilló por unos segundos y luego dejó de hacerlo. La muchacha se la lanzó a la chica que durante el partido anterior había lanzado la pelota al aire, quien mediante un conjuro la dejó nuevamente flotando en el aire frente a sí. Los equipos estuvieron ubicados en sus puestos y, otra vez, un silbido sonó al tiempo que la quod era lanzada al aire.</p>
<p class="MsoNormal">Los espectadores, silenciosos, vieron cómo los dieciséis jugadores se lanzaban a buscar la quod. Extrañamente, los chicos que se acababan de sumar al juego iban más lento, por lo que el equipo que inicialmente jugaba se hizo del balón enseguida. Siguieron demostrando un muy bajo nivel durante el resto del partido los recién llegados. Cuando tenían el balón, se les caía de las manos o no interceptaban bien los pases que hacían los del otro equipo. A pesar de tener escobas que, a juzgar de lo que decían los espectadores, eran mucho mejores, los chicos nuevos no pudieron hacer mucho contra los otros. Cuando finalmente estaban a punto de marcar un punto los del equipo inicial, la quod estalló. Sin embargo, la explosión que causó fue muchísimo más grande de lo que antes había sido. Un estrépito asustó a todos los presentes y, luego de disipado el humo de la explosión, se vio caer al chico que cargaba la pelota. Definitivamente eso no era normal. Por suerte el chico cayó de una altura de dos metros, de lo contrario podría haberse roto algo más que su hombro, que crujió cuando hizo contacto con el suelo.</p>
<p class="MsoNormal">Muchos espectadores se levantaron y comenzaron a correr hacia el chico que se había caído, cuyo cuerpo estaba cubierto de un polvo negro. Estaba inconciente y un hilo de sangre le salía de su boca entreabierta. Los recién llegados rieron a carcajadas al ver lo que acababa de ocurrir. Diego comenzó a irritarse. Se puso de pie, mientras el chico alto y fornido que había aceptado el juego caminaba a grandes zancadas hacia los muchachos que se desternillaban de la risa.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Ha sido a propósito, imbéciles! –les espetó, sacando su varita de su bolsillo.</p>
<p class="MsoNormal">-Más respeto, impuro –le contestó Ludwig, haciendo lo mismo -. Nosotros no hemos hecho nada. Así es como se juega al quodpot.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Eso no es normal! –gritó una chica que, dejando el grupo de personas que había reunidas alrededor del chico herido, caminaba hacia Ludwig.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué esperabas, que le hiciera un cariñito la quod? –le preguntó irónicamente otro chico, de piel y cabello oscuro. Ante este comentario, volvieron a reír algunos de los chicos de su equipo.</p>
<p class="MsoNormal">-Sabes perfectamente de lo que hablamos –dijo el chico alto y fornido, frunciendo el ceño. Muchos de los chicos que se habían reunido en torno al muchacho que había caído de la escoba comenzaban a acercarse al lugar en donde discutían.</p>
<p class="MsoNormal">-Bah, no tenemos idea –contestó con una sonrisa Olivia, mirando al resto de su equipo -. Al parecer los sangre sucia no tienen idea de quodpot.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Purista hija de puta! –gritó la chica que se había acercado anteriormente, adelantándose un poco. El chico alto y fornido la sujetó, sin quitar la mirada de Ludwig.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo me has llamado, asquerosa <em>muggle</em>? Vuelve a tu mundo y deja de jugar a ser una bruja –le dijo Olivia a la chica, sacando su varita.</p>
<p class="MsoNormal">-Te he dicho hija de puta –le gritó de vuelta la chica, agitando la varita. Un destello naranjo salió de su varita y Olivia dio un grito mientras una mancha negra comenzaba a cubrirle la cara.</p>
<p class="MsoNormal">Ese fue el comienzo de todo. Diego, Sandro y Juan, que estaban a cierta distancia con la varita en alto pudo verlo todo. A decir verdad, no les servía de nada tener la varita empuñada, pues no sabían conjurar nada que sirviera en un duelo. Sin embargo, los chicos mayores sí que lo sabían. Ambos equipos y algunos estudiantes más se batían en una gran pelea, en la que volaban los maleficios y los conjuros, en la que algunos chicos se daban puñetazos y otros tomaban las varitas de los distraídos. Ludwig se encontraba batiéndose individualmente con el chico alto y fornido con el cual se habían mirado fijamente hasta hace un rato. Varios chicos sangraban y otros tenían extrañas sustancias en el rostro y el cuerpo. Una chica cayó dentro de uno de los calderos y dio un grito fuertísimo que pareció alertar a la gente que estaba dentro de la casona, pues un par de segundos después Diego vería salir corriendo al profesor Salazar con la varita en la mano y una expresión de profundo enojo.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué es lo que está pasando aquí? –gritó, furioso, justo en el momento en que el chico alto pegaba un puñetazo a Ludwig -. ¡Señor Fernández! ¡<em>Expelliarmus</em>!</p>
<p class="MsoNormal">Un chorro de luz roja voló desde la varita del profesor justo hasta la espalda del chico alto y fornido, cuya varita salió volando por los aires al igual que él mismo, que fue a dar de frente contra un árbol, cayendo inconciente al césped. Todo el mundo se quedó en silencio mientras el maestro se dirigía a zancadas al grupo de estudiantes que hasta hace pocos momentos se peleaban.</p>
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		<title>Capítulo 10: El entramado</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 13:35:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[Despertó varias horas después, con los músculos de todo el cuerpo agarrotados, como si hubiera hecho muchísimo ejercicio. Sentía aún el dolor de los puñetazos, aunque ya no tenía tan hinchado el ojo. Cuando intentó respirar por la nariz, se dio cuenta de que le era imposible. Sencillamente no entraba aire por esa vía. Tanteó [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=20&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">Despertó varias horas después, con los músculos de todo el cuerpo agarrotados, como si hubiera hecho muchísimo ejercicio. Sentía aún el dolor de los puñetazos, aunque ya no tenía tan hinchado el ojo. Cuando intentó respirar por la nariz, se dio cuenta de que le era imposible. Sencillamente no entraba aire por esa vía. Tanteó con sus manos y sintió una venda o algo parecido enrollado alrededor de su cabeza, a la altura de la nariz. Extrañamente sintió su nariz más pequeña. El dolor de la espalda se había pasado, pero al tantear allí sintió algo adicional a su cuerpo. Un parche bastante grande le cubría una parte considerable de la espalda. Se encontraba acostado sobre una cama de colchón blando, sábanas y cubrecamas blancos. Las paredes de la habitación en la que se encontraba eran de color blanco también, así como el resto de las camas. Solo cuando miró alrededor se dio cuenta de que no estaba solo allí. En la cama de al lado, alguien dormía todavía, de espaldas y con el rostro tapado por varios parches.<span id="more-20"></span></p>
<p class="MsoNormal">-¿Diego? –dijo una voz suave desde la derecha del chico. Miró hacia allá y se encontró con un hombre joven de gafas redondas y túnica gris. No lo había visto nunca antes, pero supuso que era el enfermero del colegio -. Alguien vino a visitarte.</p>
<p class="MsoNormal">No esperaba a nadie, ciertamente. Pensó en Sandro. Seguramente sería él, pero se equivocaba. Una vieja mujer de cabello corto y blanco y de ojos verdes lo miraba con la misma sonrisa con la que lo saludó hace ya varios meses. Era Umma. A decir verdad, se había olvidado de que su padre le había contado que ella trabajaba allí, sobre todo por el hecho de no haberla visto en ninguna ocasión en el tiempo en que llevaba en Lafken. La mujer se acercó al chico y se sentó en una silla junto a la cama.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo te sientes? –le preguntó, sonriéndole aún. Se veía muy relajada.</p>
<p class="MsoNormal">-Hinchado, débil –contestó, con una voz gangosa que le sorprendió a él pero no a Umma.</p>
<p class="MsoNormal">-Ya te pondrás bien. Se encargaron de darte una paliza como <em>muggles</em> esos chicos, por suerte. A tu amigo lo han tratado mucho peor –dijo a continuación, mucho más amable de lo que había sido al preguntarle cómo se sentía. Diego la miró con extrañeza por sus últimas palabras, a lo que la bruja contestó con un movimiento de la cabeza, como indicándole algo que estaba al costado izquierdo del chico.</p>
<p class="MsoNormal">Se volteó sobre sí mismo, sintiendo un dolor inmenso en el brazo en cuanto se apoyó en él. Se acostó de nuevo y decidió girar la cabeza. Volvió a ver a la persona que estaba en la cama de al lado, con la cara tan cubierta de parches que era irreconocible. Cuando se dio cuenta de lo que querían decir las palabras de Umma, volteó bruscamente la cabeza para mirarla nuevamente.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Es Sandro? –le preguntó con aquella voz que seguía pareciéndole ajena a sí mismo</p>
<p class="MsoNormal">-Así es. Al parecer algo tenían esos chicos contra ustedes –Umma miró directo a los ojos al chico -. ¿Qué fue lo que pasó? Los chicos que acompañaban a la pequeña Rebeca eran bastante mayores.</p>
<p class="MsoNormal">-¿A Sandro también lo golpearon ellos? Pero, ¿cómo lo supo? –inquirió aceleradamente.</p>
<p class="MsoNormal">-Así es. Los vi justo en el momento en que te dejaron inconciente. Por supuesto, no me preocupé de perseguirlos, sino de ayudarte. Estabas muy mal –le dijo, sonriéndole -. Más tarde, la directora Xegolt encontró a los mismos tres arremetiendo contra Sandro. Se intentó defender, así que decidieron lanzarle una maldición. Realmente me impresiona el nivel de maldad de esos chicos.</p>
<p class="MsoNormal">Al oír esas palabras, la ira invadió nuevamente a Diego, produciéndole cierto dolor en todo el cuerpo. Rebeca había pasado de la categoría de chica estúpida a enemiga mortal. Odiaba con todo su ser a la chica, mucho más de lo que nunca había odiado a nadie. Sus pensamientos y, sobre todo, sus acciones, le habían hartado No podía creer que hubiera enviado a dos chicos mayores a agredirlo a él y a Sandro por haberla hecho callar. ¿Qué esperaba que hicieran? ¿Que se quedaran oyéndola? Probablemente eso quería. Sin embargo, no le daría el gusto. Por ninguna razón lo haría.</p>
<p class="MsoNormal">-Escribí a tus padres –dijo Umma luego de un momento de silencio -. Tu padre me ha contestado enseguida. Le informé que te pondrías bien. Dijo que avisaría a tu madre. Seguramente mañana recibirás alguna carta de ellos.</p>
<p class="MsoNormal">Oír acerca de su madre le levantó un poco el ánimo. A pesar de tenerla lejos, no se sentía solo, sino fuerte. Fuerte porque estaba decidido a enfrentar los hechos acontecidos. Seguramente Sandro tendría muchísimas más razones ahora para irse de Lafken, pero Diego se sentía mucho más parte de ella, extrañamente. No se iría de allí por Rebeca, de ningún modo. Ya había decidido no darle el gusto al ser sumiso, no iba a tolerar de ninguna forma que lo trataran como a alguien inferior por tener una madre <em>muggle</em>. Miró a Umma a los ojos.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cómo estará Sandro? –era lo que le preocupaba en ese momento, más que nada. Era evidente que a su amigo le había tocado la peor parte de la venganza de Rebeca.</p>
<p class="MsoNormal">-Según el enfermero, se pondrá bien. No fue una maldición muy terrible, aunque probablemente le queden algunas marcas en el rostro –le contestó Umma, mirando por sobre él al chico que se encontraba aún durmiendo (o inconciente, eso no lo sabía) en la cama de al lado.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué pasó con Rebeca?</p>
<p class="MsoNormal">-Aún la directora no ha tomado ninguna resolución sobre el tema. Está esperando a que tanto tú como Sandro se pongan bien. Quiere hablar con ustedes, para conocer su versión –contestó, sin demasiado interés. A Diego le molestó esa actitud. Creía que Rebeca y sus amigos merecían algún castigo por lo que habían hecho. No podía ser que anduvieran por allí amenazando y golpeando gente a su antojo.</p>
<p class="MsoNormal">-Debo irme, Diego –le informó la mujer, levantándose. Se despidió y comenzó a caminar hacia la puerta. Antes de salir, detenida en el umbral, agregó unas palabras más -. No esperes que sean castigados, no quiero que te lleves una decepción.</p>
<p class="MsoNormal">Extrañado, se preguntó a qué se referiría. No tuvo tiempo para preguntárselo a ella misma, pues luego de haber pronunciado las palabras se fue. Estuvieron dándole vueltas esas palabras hasta que hubo salido de la enfermería, a la mañana siguiente. Estaba totalmente recuperado. Aún sentía un leve dolor en varios lugares del cuerpo, pero su nariz estaba totalmente restituida. El enfermero le había dicho que se la había curado mediante el uso de algunas hierbas que estimulaban el crecimiento de huesos y cartílagos. Por suerte no se la había roto totalmente, porque de lo contrario hubiera sido más complejo el proceso de restitución.</p>
<p class="MsoNormal">Tuvo tiempo para llegar a la sala de estar de Quiul y estar algo así como cinco minutos sentado en un sillón, ya que se le acercó una de sus compañeras de año, Alejandra, a decirle que la profesora Hewett quería hablar con él. Por esa razón, se levantó enseguida del sillón y bajó escalera tras escalera hasta llegar al vestíbulo de la casona, en donde se acercó a una de las puertas y la golpeó suavemente. Tras oír la indicación de parte de la dulce voz de Paula, Diego entró. La habitación a la que acababa de llegar era una oficina pequeña. Paula Hewett se encontraba sentada tras un escritorio, justo en frente de Diego, de espaldas a un gran estante lleno de libros. En las paredes, varias velas iluminaban otra puerta en la parte derecha de la habitación y un cuadro que mostraba un bonito paisaje. En cuanto la joven profesora lo vio, se levantó para saludarlo.</p>
<p class="MsoNormal">-Diego, ¿cómo estás? ¿Ya totalmente recuperado? –le preguntó, acercándole una silla para que se sentara -. Estaba muy preocupada.</p>
<p class="MsoNormal">-Ya estoy bien, gracias –le contestó tímidamente.</p>
<p class="MsoNormal">-Te llamé porque quería hablar contigo antes de que fueras donde la directora Xegolt. –Diego asintió -. Quiero que me cuentes exactamente qué fue lo que pasó.</p>
<p class="MsoNormal">No sabía por dónde empezar. La situación en sí misma no decía nada, por lo que finalmente se decidió a contarle todo, desde el principio.</p>
<p class="MsoNormal">-Rebeca llevaba todo el mes molestando a Sandro, por ser hijo de <em>muggles</em> y eso… junto a él le dijimos hace poco que ya no lo molestara. Esto fue la semana pasada apenas –comenzó a decir, sin encontrar las palabras para expresar todo lo que quería -. Dijo que no sabíamos con quién nos metíamos. Y bueno, ayer me golpearon. Iba subiendo al tercer piso, atrasado, a clases. Allí me interceptaron los tres. Rebeca le dijo al chico, Ludwig, que yo era <em>uno de ellos</em> o algo así. Fue entonces cuando él me tomó del cuello de la túnica y comenzó a golpearme, mientras las chicas se reían. Luego no supe más… me golpeé en la nuca y desperté en la enfermería.</p>
<p class="MsoNormal">La profesora no dijo nada luego de que Diego se hubo callado. Se le quedó mirando a los ojos, seria. El chico se quedó mirando los lomos de los libros que había en el estante, totalmente conciente de que la vista de Paula estaba sobre él. Lo hacía sentir un poco nervioso aquel silencio. Esperaba que Paula le dijese algo inmediatamente, pero ella parecía estar pensando.</p>
<p class="MsoNormal">-Es peor de lo que pensé –dijo la profesora luego de un par de minutos, más al aire que a Diego -. Muchas gracias, Diego. Te llevaré donde la directora ahora mismo.</p>
<p class="MsoNormal">Paula Hewett se levantó, Diego sin entender nada. No sabía a lo que se refería con que era peor de lo que pensaba. Quizá lo decía por el hecho de que Rebeca molestara a Sandro por ser un “sangre sucia”, a Diego también le había parecido terrible cuando lo supo. Pero Juan había dicho que era algo relativamente común, por lo que probablemente no era la primera vez que oía algo así la profesora. Quizá, entonces, se debía al hecho de que los habían golpeado. Si, eso debía ser.</p>
<p class="MsoNormal">Subieron escaleras hasta llegar al quinto piso, el último. La profesora lo condujo por un pasillo y se detuvo junto a una ventana. Se acercó a ella e hizo un gesto a Diego para que la acompañara. Extrañado, Diego se acercó también.</p>
<p class="MsoNormal">-Mira la copa de ese árbol –le dijo Paula, indicándole un árbol muy alto que se alzaba justo en frente de la ventana. Era demasiado alto para ver su copa desde allí, así que debería acercarse lo más posible al vidrio de la ventana y girar su cabeza hacia arriba. Eso fue lo que hizo.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando vio la copa del árbol, vio en ella una esfera dorada, justo en la punta. Extrañado, intentó pegarse más al vidrio para distinguir eso. No entendía por qué la profesora quería que viera la copa de aquel árbol. Quizá algunos días antes había visto esa esfera y le había parecido curiosa. Ante tal pensamiento, Paula se volvió para Diego una persona extrañísima. Antes de poder seguir pensando, la luz del sol se reflejó en la esfera, encandilando a Diego, que se alejó de la ventana para quitar la vista del insoportable destello. Cuando recuperó la vista, vio a través de la ventana la copa del árbol, pero sin necesidad de acercarse a la ventana ni mucho menos. Era como si estuvieran un piso más arriba. Miró a su alrededor. El pasillo había cambiado. De hecho, ahora no era un pasillo, sino una especie de sala de estar, con sillones y un estante con libros. En la pared del fondo había una puerta doble de madera.</p>
<p class="MsoNormal">-Aquella es la oficina de la directora Xegolt –le informó Paula, amablemente -. Ve y toca la puerta. Yo debo irme ahora, tengo trabajo que hacer.</p>
<p class="MsoNormal">Posó su mano en el hombro de Diego, le sonrió y pegó su cara a la ventana, mirando hacia abajo. En un segundo, su imagen se desvaneció, como si se tratara de humo. Nervioso, el chico se acercó a las puertas de madera. Golpeó con los nudillos, produciéndose un ruido mucho más grave que en una puerta ordinaria. Se oyó un “Adelante” y, antes de que el muchacho pudiera abrir algunas de las puertas, la que había golpeado se abrió sola. Entró a la habitación, tímido. Era bastante amplia y estaba llena de estantes con libros y pergaminos. Había también varios cuadros, por los que se movían distintas personas que conversaban entre ellas y se pasaban a los cuadros vecinos. Una lechuza descansaba en una jaula junto al amplio escritorio tras el cual estaba sentada la directora, quien miraba a Diego mucho más severa de lo que la había visto el día en que llegó al colegio.</p>
<p class="MsoNormal">-Toma asiento –le dijo. Sus palabras le sonaron más a una orden que a palabras amables. El chico no tardó en sentarse en una de las dos sillas que había al otro lado del escritorio -. Supe del altercado que hubo en el pasillo el día de ayer. ¿Es cierto que te golpearon?</p>
<p class="MsoNormal">-Si –contestó. Evaluó esa pregunta como una petición de que contara la historia, por lo que se dispuso a hablar. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, la profesora habló.</p>
<p class="MsoNormal">-Si, señora –le dijo, con una amabilidad que a Diego le pareció un tanto falsa -. Es bueno conservar el respeto, Diego. Cuéntame qué fue lo que pasó.</p>
<p class="MsoNormal">-Si, señora –repitió, un tanto avergonzado. En su colegio <em>muggle</em> también le hacían referirse de “profesor” o “señor” a los adultos, cosa que había olvidado por completo. Lafken le había parecido un lugar demasiado hermoso como para que ese tipo de cosas tuvieran lugar -. Todo el mes pasado Rebeca estuvo molestando a Sandro Neely, un chico de Pum…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Molestaban a Sandro? –inquirió la directora, mirándolo a los ojos.</p>
<p class="MsoNormal">-Sí –contestó Diego, sin entender por qué la bruja le había preguntado eso. No sabía qué tanta importancia podría tener -. Bueno, luego le dijimos que no siguiera molestando. Nos dijo que no sabía con quién nos estábamos metiendo y ayer fue que me golpeó un amigo suyo o lo que fuera, hasta dejarme inconciente. Me rompieron la nariz y…</p>
<p class="MsoNormal">-Sí, sí, esa parte ya la conozco –lo atajó, anotando un par de cosas en un pergamino que tenía sobre el escritorio. Luego, lo miró a los ojos, sonriente -. Muchas gracias por contarme lo que pasó.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Eso es todo? –preguntó, sorprendido. No entendía cómo la directora podría estar conforme con una historia tan breve</p>
<p class="MsoNormal">-Eso es todo.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Y qué pasará con ellos? Supongo que recibirán un castigo.</p>
<p class="MsoNormal">-Según lo que me has dicho, ellos han sido provocados –le dijo la directora. Diego no entendió a lo que se refería, por lo que se quedó mirándola, para que prosiguiera -. Lo más probable es que no, Diego.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Pero si me golpearon hasta que ya no pudieron más! ¡Y a Sandro lo han embrujado! –exclamó, indignado. No podía creer las palabras que acababa de decirle la mujer, que seguía mirándolo con una sonrisa que al chico le parecía falsa.</p>
<p class="MsoNormal">-Sí, pero es comprensible. Los provocaste –contestó calmadamente Bromgarda. Era imposible para Diego aceptar lo que le estaba diciendo. Era como si lo estuviese culpando a él de que lo hubieran golpeado, le hubieran escupido, roto la nariz y humillado.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Pero…!</p>
<p class="MsoNormal">-Además, no tendrías por qué haber provocado a Rebeca, pues el problema fue entre ella y Sandro –la serenidad con la que hablaba la bruja comenzaba a desesperarle. Además de las horribles palabras que le decía, lo hacía con una naturalidad que hacía parecer como si no le importara en lo más absoluto -. Lo siento, Diego, es lo más justo.</p>
<p class="MsoNormal">¡Claro que no era lo más justo! Sin embargo, Diego no supo qué decirle para convencerla de que castigara a quienes lo habían dejado un día completo en la enfermería. La mujer parecía decidida a no hacer nada, y lo peor era que realmente pensaba que era lo mejor. ¿Cómo iría a convencerla? Sentía realmente que esos chicos merecían un castigo… quizá cómo estaría Sandro en ese momento, en el que probablemente los tres muchachos estaban andando por allí, sin ninguna culpa por haber hecho lo que habían hecho.</p>
<p class="MsoNormal">-Puedes retirarte, Diego –le dijo luego de varios minutos la directora al chico. En aquellos minutos la bruja no había hecho más que seguir anotando cosas en un pergamino, sin prestarle atención al chico, quien interpretó las palabras como una orden.</p>
<p class="MsoNormal">Salió con una muy mala sensación de aquella oficina, un poco confundido acerca de la imagen que tenía de la directora. Ella había dicho que eso era lo más justo, pero a Diego no le había parecido lo mismo. Se acercó a la ventana, miró la esfera dorada (que esta vez estaba por debajo de la copa del árbol) y apareció en el quinto piso. No pudo sorprenderse de la magia en esa ocasión, no tenía ánimos para ello. Caminó lentamente por los pasillos, guiado por sus pies hacia el comedor. No se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que sintió el olor a comida. No había tenido tampoco ninguna información acerca de la hora en todo el día. Fue pura suerte que el chico hubiera llegado poco antes de que dejaran de servir el almuerzo.</p>
<p class="MsoNormal">Mientras comía, se acercó a él Juan, con dos sobres en la mano. Le sonrió y se sentó junto a él, poniendo los sobres en frente suyo, sobre la mesa. Reconoció las letras de su padre y madre. Siguió comiendo, con lentitud.</p>
<p class="MsoNormal">-Supe lo que te pasó –le dijo Juan, mirándolo -. Qué mala que es esa chica… pensaba que era normal lo que le pasaba a Sandro. Pero que los hayan golpeado como lo hicieron no es para nada normal. ¿Cómo te sientes?</p>
<p class="MsoNormal">-Bien –le contestó, cortante. No era su intención ser desagradable con Juan, pero no pudo evitar hablar lacónicamente. Su ánimo no era el mejor, definitivamente -. Gracias, enserio.</p>
<p class="MsoNormal">No hablaron mucho más. Diego le contó lo ocurrido, sintiendo como si hubiera contado esa historia muchísimas veces, cuando en realidad solo lo había hecho tres veces. La conversación fue rápida. El chico habló lo justo y necesario, nada más, cosa que pareció entender Juan, que se fue luego de saber la historia y el estado de Diego. Se acordó de los sobres que tenía en frente solo cuando hubo terminado de comer. No se sentía muy de ánimos para leer las cartas de sus padres, pero de todos modos lo hizo. Eran tal y como se las esperaba: muy cariñosas, reflejaban preocupación, todo lo que debían reflejar. A pesar de leerlas, se sintió muy solo. Sin Sandro, sin sus padres y con una sensación de injusticia que lo acompañaría por muchos días. De peor ánimos lo puso recordar a su padre, aunque eso no le afectó demasiado. En comparación, la ira que en ese momento sintió al saber de su padre no era nada comparado con el sentimiento de malestar que tenía. Solo hubo una cosa que le llamó realmente la atención de todo eso. Fue la última oración de la carta de su padre, palabras muy similares a las que le había dicho Umma el día anterior, en la enfermería. “No esperes que suceda lo que quieres.”.</p>
<p class="MsoNormal">Sintió una inmensa emoción al tocar aquella puerta blanca del tercer piso, como si algo que hubiera estado buscando por mucho tiempo se aproximara a aparecer. Nadie contestó al llamado de Diego, por lo que el chico había decidido abandonar sus intenciones. Por suerte, la persona a la que buscaba apareció oportunamente en el pasillo justo en el momento en que el muchacho comenzaba a caminar. Se había sorprendido bastante de ver al chico esperando fuera de su despacho, cosa que se vio en su rostro. Lo invitó a pasar. Diego lo agradeció mucho en su interior. Era justamente lo que quería que pasara. El despacho era pequeño, por lo que el escritorio que tenía Umma era mucho más pequeño que el de la profesora Hewett. Prácticamente el despacho eran el escritorio y un trío de sillas.</p>
<p class="MsoNormal">-Quería hablar con usted… –le dijo el chico, una vez sentados el uno frente al otro. Tenía la cabeza gacha y se sentía muy nervioso, pues no sabía exactamente cómo plantearle la inquietud que en su interior se remecía – acerca de lo que me dijo ayer.</p>
<p class="MsoNormal">La profesora sonrió. El chico no entendió porqué la bruja comenzó a sonreír, pero lo cierto era que ese hecho amenizó mucho más el ambiente.</p>
<p class="MsoNormal">-Recibí carta de mis padres –le contó, acercándose al tema del que quería hablar -. En la carta de mi padre decía algo muy parecido a lo que usted me dijo esta mañana… -la bruja simplemente mantuvo la mirada del chico, sonriendo aún. A diferencia de la sonrisa de la directora Xegolt, la sonrisa de Umma le parecía sincera y muy amable -. ¿Qué quiso decir con que no esperara que fueran castigados? Acertó totalmente, porque la directora me dijo que lo más probable era que no castigara a los chicos…</p>
<p class="MsoNormal">-Te dije eso por una razón muy simple: Xegolt está de parte de Rebeca –fue tan directa que Diego no lo asimiló enseguida -. Comparten las mismas opiniones respecto a ciertos temas, Diego. Como el tema de la sangre mágica, por ejemplo.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué? Pero si ella es directora del colegio, ¿cómo puede creer en esas estupideces? –inquirió, anonadado.</p>
<p class="MsoNormal">-Estupideces son para ti y para mí, probablemente, pero para ella y para muchas personas son ideas que sí tienen coherencia e importancia –le contestó Umma, serena como siempre -. Eso es lo que justamente preocupa a muchos magos.</p>
<p class="MsoNormal">-Pero… ¿cómo? ¿Cómo es posible?</p>
<p class="MsoNormal">-Es desconcertante, te entiendo perfectamente. Todos quedamos así cuando ella reemplazó a Bruno. Era algo que nadie se esperaba…</p>
<p class="MsoNormal">-¿Por qué sucedió eso? Hace muy poco me di cuenta de ello… la carta que me enviaron para venir aquí estaba firmada por Bruno Visic como director, pero ya no lo es –recordó la carta que había encontrado en su bolsillo hace varias semanas. Parecía que se acercaba a averiguar, sin haberlo querido, la razón por la cual había sucedido aquel repentino cambio de directiva.</p>
<p class="MsoNormal">-El Consejo Escolar Mágico, un órgano del Ministerio de la Magia, está integrado casi totalmente por gente de pensamiento purista, es decir, que piensan que los magos de sangre ‘pura’ son superiores a los de sangre ‘impura’ –comenzó a decir Umma, quien, al ver la cara de poco entendimiento de Diego, prosiguió -. Este Consejo es formado por gente electa por los magos de todo el país. Nadie se explica por qué, pero en las pasadas elecciones tuvieron mucho éxito los candidatos puristas. Y como tienen el poder de destituir y sugerir directores y profesores para las distintas instituciones educativas, han botado a Visic, supuestamente por mala gestión, y han sugerido a Xegolt, una purista al igual que ellos –Diego escuchaba atónito las palabras de la bruja. Comenzaba a entender cosas que antes no había entendido en absoluto -. Todo el mundo mágico es conciente de estos cambios… los puristas están consiguiendo poder, cosa que puede poner en peligro a muchos magos.</p>
<p class="MsoNormal">Claro que entendía eso, claro que entendía –ahora –el peligro que significaba el poder que tenían los puristas hasta el momento. Quizá fuera muy simple, pero el hecho de que un grupo de chicos pudieran golpear hasta la inconciencia a otros chicos, solo por un ideal estúpido, era una clara señal de ese peligro. Estaba seguro de que eso era, nada más, la punta del iceberg. Luego de esas palabras, Diego agradeció a la profesora y salió de su despacho. Había averiguado mucho más de lo que había pretendido averiguar. Otra vez la sensación que tenía cambió… ahora se sentía muy extraño, como si no estuviera seguro de ser quien era. Cuando entró en la habitación de los chicos de su año, recordó lo que le había dicho Frida hace varios meses. Le llegaron como una clara grabación y le hicieron, esta vez, sentido. Ahora si entendía a lo que se refería cuando le había dicho de los problemas de la organización que se tenía en el territorio de Lafken. Los puristas querían poder, claro… de ese modo podrían actuar conforme a sus intereses. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal al imaginar a muchas personas como Rebeca al mando del Consejo Escolar Mágico.</p>
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		<title>Capítulo 9: Sandro</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 02:27:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valentín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Capítulos]]></category>

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		<description><![CDATA[Antes que nada, chicos, quisiera disculparme por la demora con que escribí este capítulo. A pesar de todo, le he puesto mucho cariño y esfuerzo, al igual que al resto de ellos. Espero que les guste y que lo comenten.
Además de ello, quería avisar que, por motivos de tiempo (ya se habrán dado cuenta), publicaré [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=sangredorada.wordpress.com&blog=2687805&post=19&subd=sangredorada&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal">Antes que nada, chicos, quisiera disculparme por la demora con que escribí este capítulo. A pesar de todo, le he puesto mucho cariño y esfuerzo, al igual que al resto de ellos. Espero que les guste y que lo comenten.</p>
<p class="MsoNormal">Además de ello, quería avisar que, por motivos de tiempo (ya se habrán dado cuenta), publicaré un capítulo a la semana, a diferencia de los dos que había anunciado anteriormente. Espero que comprendan esta decisión que he tomado, aunque, si en alguna semana alcanzo a escribir dos, por supuesto que los subiré ambos. Ahora, les dejo el capítulo.</p>
<p class="MsoNormal">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p class="MsoNormal">Al final de la carta, firmaba <i>Bruno Visic, director del colegio</i>. Claro, era allí en donde había leído ese nombre antes. El actual profesor de Raíces mágicas de América era el anterior director. Era muy extraño, creía que nunca antes había visto algo como eso, que cambiaran al director de un colegio cuando quizá ya estaba todo el año planificado. Simplemente lo olvidó, guardó la carta en su maleta y se fue al exterior, a pasear por los terrenos.<span id="more-19"></span></p>
<p class="MsoNormal">Marzo pasó y Diego sentía cómo iba sumergiéndose más y más en el mundo mágico. Había aprendido mucho durante ese mes, muchas cosas que hace tres meses no sabía siquiera que existían y ni siquiera su imaginación le permitía pensarlo. Había logrado dominar un par de conjuros más, entre ellos el del destello. Su amistad con Sandro había crecido muchísimo. Se reunían siempre que podían a comentar sus clases, a compartir conocimientos, practicar hechizos e incluso a ayudarse con los deberes que les enviaban, que eran muchos más de los que cualquier estudiante de primer año hubiera podido esperar. Los más tediosos eran los de Historia de la magia y Raíces mágicas de América, que se fundamentaban en “crear en el estudiante el espíritu investigativo del historiador”, palabras dichas por ambos profesores como si se hubieran puesto de acuerdo para ello. A pesar de todo, era fascinante la historia de la magia, sobre todo en América, el entorno del chico. Descubrir que tantas leyendas eran hechos reales de magos que intervenían espacios <i>muggles</i> y luego se ocultaban, o que tantas culturas precolombinas habían tenido un uso práctico de la magia era algo que a Diego le hacía sentirse como un tonto, como alguien que había tenido la magia frente a sus narices todo el tiempo y no había podido darse cuenta. Era más fácil, siendo <i>muggle</i>, creer que todo ello era mentira. En ese sentido era mucho más fácil para los magos, que buscaban ocultar su magia de la gente no mágica a toda costa. Los deberes de las clases de Preparación de pociones resultaron ser muy divertidos para todos los estudiantes, dado que no eran en su mayoría de investigación sino de práctica: averiguar empíricamente los efectos de distintas hierbas hervidas, etc. Por supuesto que en ningún caso eran hierbas dañinas parar el cuerpo ni mucho menos.</p>
<p class="MsoNormal">Así llegó Abril, con temperaturas que extrañamente no descendieron mucho respecto a las del verano, pero aún así había una suerte de mentalización de que estaba más fresco, una forma muy práctica de huir del calor sin huir de él realmente. Los comentarios de Rebeca en las clases de Culturas del Mundo Mágico y Estudio de Animales mágicos habían continuado, sumados a los de otros amigos que parecía haberse hecho, comentarios que irritaban a gran parte de los estudiantes que asistían a clases junto a ellos. Por suerte, entre esos estudiantes también había jóvenes que venían de familias mágicas antiguas, por lo que en varias ocasiones contestaron a los discriminatorios comentarios de Rebeca y sus amigos, formándose densas discusiones. Sandro no había tenido que soportar más comentarios, sino únicamente susurros y a gente que lo apuntaba con el dedo. A pesar de que durante las primeras semanas de clase lo deprimió mucho el hecho de ser algo así como un bicho raro, finalmente lo superó. Aún no habían entendido del todo a lo que se había referido la chica hasta que Juan un día se enteró de ello y les explicó.</p>
<p class="MsoNormal">-Se refiere a que eres hijo de <i>muggles</i> –dijo el cubano, con ese tono característico al que Diego ya se había acostumbrado -. Entre los magos existe mucha discriminación con el tema de los hijos de <i>muggles</i>, o aquellos que tiene la “sangre mezclada” y todo eso. Ya ven, chicos, el mundo mágico no es tan distinto del mundo no mágico.</p>
<p class="MsoNormal">Ambos, Diego y Sandro, se quedaron congelados, con el tenedor a medio camino de la boca, mirando fijamente a Juan, que les devolvía la mirada con una sonrisa. En un principio, Diego no pudo dar crédito a lo que había dicho Juan. Le parecía demasiado ridículo discriminar a alguien por su origen, pero pasados algunos segundos cayó en la cuenta de que eso pasaba en el mundo <i>muggle</i>. De ser así, ¿cómo no iría a pasar en el mundo mágico? Si en el mundo <i>muggle</i> discriminaban por la cantidad de dinero que se tenía, ¿por qué no irían a discriminar en el mundo mágico por la familia de la que uno vendría, por la cantidad de sangre mágica, en definitiva? Ya había oído a Rebeca hablar de los seres mágicos no humanos como bestias, no sería extraño que tratara a la gente no mágica de forma similar y, por supuesto, a los magos que tenían raíces no mágicas. Luego de pensarlo un momento, lo que había dicho Juan le pareció mucho más real y cercano de lo que pensaba. Continuó comiendo, saliendo de la cómica posición en la que había quedado.</p>
<p class="MsoNormal">El resto del día, Sandro actuó de manera muy extraña. Parecía estar incómodo, cosa que Diego observó en el resto de los descansos y durante la tarde. Volvió a tener el aire deprimido que había adquirido el día en que Rebeca le dijo esas feas palabras que ahora ambos entendían. Diego pensó que se debía justamente a eso, a que ahora entendía a lo que se refería Rebeca y por qué todos lo apuntaban y susurraban cosas. Más que preocupación, al chico lo había invadido nuevamente la ira. Comenzaba a odiar realmente a Rebeca, que parecía empeñarse en arruinar la vida del resto. Fue durante la tarde, cuando estuvieron solos Sandro y Diego en la orilla del río, cuando el chico quiso sacar el tema.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Qué te ha pasado todo el día? Has actuado muy extrañamente… -dijo con cierta cautela, para no hacer evidente que en realidad si sabía lo que le pasaba a su amigo.</p>
<p class="MsoNormal">-Nada –contestó Sandro, mirando las aguas. Por supuesto que Diego sabía que sí le pasaba algo, pues lo había visto todo el día. Ni siquiera la forma en que dijo ese “nada” había resultado convincente, dado que seguía con aire deprimido.</p>
<p class="MsoNormal">-No creas que no me he dado cuenta de que estás extraño –repuso Diego, con más decisión. Miraba a su amigo, a pesar de que éste no le devolvía la mirada.</p>
<p class="MsoNormal">Pasaron un par de segundos de silencio en los que Diego pensó que Sandro se debatía respecto a si decirle o no qué era lo que le pasaba.</p>
<p class="MsoNormal">-Fue duro entender a lo que se refería Rebeca –dijo por fin. Miraba fijamente el agua del río, que fluía con tranquilidad. Un par de peces muy pequeños se veía que pasaban por las partes menos profundas -. De haberme enterado antes que iba a sufrir discriminación por ser hijo de gente no mágica, no hubiera asistido nunca a este colegio.</p>
<p class="MsoNormal">-¿De qué hablas? –le preguntó el moreno chico, preocupado. No comprendía mucho lo que había dicho Sandro. A pesar de que a él también le había afectado entender a lo que se refería Rebeca, jamás hubiera pensado en abandonar Lafken por ello.</p>
<p class="MsoNormal">-Hablo de… de abandonar el colegio –le contestó el rubio, diciendo justo lo que Diego quería que no dijera. Se veía abatido, mucho más de lo que lo había visto su amigo durante el resto del día. Era como si haber dicho esas palabras lo hubiera desgastado mucho, al igual que la idea misma, que parecía haber estado amasando durante todo el día -. No sé si sea capaz de soportar más dedos que me apuntan y susurros a mis espaldas, no desde que sé lo que significan.</p>
<p class="MsoNormal">-Pero Sandro… -comenzó a decir Diego, sin saber realmente qué era lo que iba a decirle. Quería que se quedara, pero no sabía decirle razones para ello. Se hacía una idea de lo que podía sentir su amigo, pero era conciente de que no sabía por lo que realmente pasaba. No era a él a quien apuntaban ni quien oía susurros tras él en cada clase – el año está comenzando recién… ya se olvidarán de ello.</p>
<p class="MsoNormal">-No se olvidarán de ello, Diego –le contestó, algo irritado.</p>
<p class="MsoNormal">-Claro que sí, no estarán todo el año molestándote… -le dijo, de manera algo insegura. Sandro lo miró, con el entrecejo fruncido y una expresión que mostraba cierto enojo. Diego sostuvo su mirada, algo asustado.</p>
<p class="MsoNormal">Luego de ello no se habló más del tema. Continuaron sentados uno junto al otro, sin hablar demasiado. La perspectiva de que su amigo se iría hizo que Diego se entristeciera también. No supo hasta qué hora exactamente se quedaron sentados a la orilla del río, mirando las aguas que pasaban con fuerza pero con tranquilidad. Imaginarse en Lafken sin Sandro para el chico representaba sentirse solo. Su amigo era la única persona con la que podía compartir su total asombro con cada cosa nueva del mundo mágico que descubría. A pesar de que se llevaba también muy bien con Juan, no era lo mismo. Juan había sido mago toda su vida y no entendía la sorpresa constante de Sandro y Diego. Además de ello, había forjado una amistad muy sólida con Sandro, llegando incluso a contarle parte de lo que sentía con respecto a su padre, cosa que jamás había confiado a nadie. La empatía que tenían ambos chicos era algo que jamás le había pasado al chico, por eso era que apreciaba tanto a su amigo.</p>
<p class="MsoNormal">-Voy a la lechucería… -había dicho en un momento. Se había levantado y se había ido corriendo, dejando a Diego sentado sin poder reaccionar.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando apenas hubo llegado a la sala de estar de Quiul se había dado cuenta de lo que podría haber querido decir Sandro. Lo más probable –eso pensaba Diego -era que su amigo hubiera ido a la lechucería a enviar una carta a casa, para pedir a sus padres que vinieran por él o que escribieran a la directora Xegolt para que lo dejaran marcharse en un bus o algo parecido. Le entristeció bastante la idea y le impidió realizar de manera óptima sus deberes, pues a cada momento le invadía el pensamiento de la ida de Sandro. Cuando comenzaba a oscurecer se dio por vencido. Enrolló todos los pergaminos y se fue a la habitación de su año a leer un poco, aunque terminó pensando en qué haría si es que Sandro se iba. Finalmente en su mente no hubo más que una mezcolanza de pensamientos, ideas y sueños, sumiéndose muy temprano en un sueño profundo que culminó muy temprano, por la mañana.</p>
<p class="MsoNormal">El sol aún no había salido cuando Diego se halló, aún vestido y con un libro abierto sobre el cuerpo, acostado sobre su cama sin deshacer. Un ambiente silencioso reinaba en la habitación, en la que sus compañeros, metidos en sus respectivas camas, dormían plácidamente. Las cortinas corridas daban un ambiente mucho más oscuro del que el cielo en el exterior, que comenzaba a clarear. No pudo dormir de nuevo por más que lo intentó. Se decidió por ir a la sala de estar a terminar los deberes que la noche anterior había comenzado. A pesar de la hora, se sentía lleno de energías, como si hubiera dormido mucho más de lo que había dormido las noches anteriores. Le era difícil dormir bien durante el año escolar, era algo que siempre le había pasado. No sabía cómo, pero siempre lograba despertar a la hora en Lafken, a pesar de que en la habitación en la que dormían los cuatro compañeros no había despertador ni nada parecido.</p>
<p class="MsoNormal">Luego de muchas descripciones de las distintas plantas que la semana pasada les había mostrado el profesor Aristarco Medel, cavilaciones en torno a las características comunes de esas plantas e identificación de cada una de sus partes, Diego había dado por finalizada la tarea, justo en el momento en que los primeros estudiantes comenzaban a salir de sus habitaciones. Creyó oportuno darse una ducha rápida antes de ir a desayunar.</p>
<p class="MsoNormal">El día transcurrió bastante tranquilamente para Diego, quien prácticamente había sacado de su mente la idea de la ida de su amigo, sin ser conciente de ello. Así llegó al aula de Hechizos cotidianos cuando sonó el timbre de las once y media, relajado y sin recordar demasiado lo ocurrido la tarde anterior, cuando Sandro se había levantado y había corrido hacia la lechucería. Por el motivo de su olvido es que se sorprendió y asustó un poco cuando se encontró en el aula con su amigo, que con una sonrisa forzada en su decaído rostro lo saludó. El chico se percató de que, detrás del rubio, Rebeca y una amiga hablaban muy cerca la una de la otra y apuntaban a Sandro. Sintió una mezcla de cólera y pena, recordando de golpe que su amigo probablemente había decidido irse. Se sentó junto a él, pero no se atrevió a preguntarle a quién había escrito el día anterior ni a mencionar nada con respecto a su partida. Este hecho le era tortuoso a Diego, quien no podía evitar generar en su mente distintas ideas relativas a lo que el rubio joven había hecho la tarde anterior, llegando a convencerse a ratos de que lo que pensaba era cierto. Le costaba cierto tiempo descartar alguna teoría formulada en su interior, pues todas parecían muy convincentes, aunque dolorosas.</p>
<p class="MsoNormal">La clase transcurrió lentamente, mientras los estudiantes practicaban hechizar objetos para que se desplazaran por el aire a antojo de los magos. Esto se lograba con un extraño movimiento de muñeca, que el profesor tuvo que enseñar varias veces para que los estudiantes memorizaran. Diego, por supuesto, se emparejó con Sandro, quien no abandonaba en ningún momento su aire abatido, para trabajar. Hasta ese momento el chico no se había dado cuenta de cuán recurrentes eran los susurros alrededor de Sandro, así como los dedos que lo apuntaban y alguna que otra risa. La principal autora de estas dos situaciones era Rebeca, quien seguía junto a su amiga cuchicheando más que trabajando. Le resultaba bastante difícil a Diego conjurar, más que nada por el movimiento de la muñeca, pero a Sandro le iba mucho peor. No consiguió en toda la clase hacer nada, pues su mano parecía simplemente querer caer, floja. Se notaba en sus gestos y en las expresiones faciales que ponía cada vez que fallaba que su amigo se sentía fatal. Para colmo, cada vez que Sandro fallaba (es decir, cada vez que lo intentaba) Rebeca y su amiga se reían por lo bajo y susurraban un par de cosas entre ellas, que no alcanzaban a oír ni Diego ni Sandro. Creía comprender entonces la frustración de su amigo, así como aumentaba su profundo rencor hacia la engreída chica. La situación comenzaba a volverse un círculo vicioso: cada vez que Sandro fallaba, su ánimo decaía un poco, haciendo que las dos chicas ubicadas detrás de ellos, se rieran, cosa que hacía al chico perder la concentración y fallar la siguiente vez, volviendo a repetirse el ciclo.</p>
<p class="MsoNormal">A pesar de todos los fracasos de Sandro, Diego no se esperaba que las cosas fueran tan mal como sucedieron luego de varios intentos, cuando una mala ejecución del conjuro por parte del rubio hizo que se le prendiera fuego a la mesa. El profesor Grenhu, algo asustado, apagó enseguida las llamas con un movimiento de su varita y miró con cierto enojo al par de chicos. Como si fuera poco, Rebeca y su amiga se partieron de la risa tras ellos, sin disimular en lo absoluto el bullicio que formaban con sus agudas risas, que a Diego le parecieron insoportables, como agudos chillidos de un par de ardillas que deseaba aplastar. El curso de las cosas no cambió hasta el final de la clase. Mientras que Diego había conseguido hacer saltar levemente una cuchara, su amigo había conseguido casi ocasionar un incendio, por lo que sus ánimos eran aún peores de lo que había visto en mucho tiempo. Otra vez lo invadió la angustia de la partida de su amigo, mucho más cuando éste le pidió hablar unos segundos apenas sonó el timbre. Se ubicaron a la salida del aula y, Sandro, con la cabeza baja, se dispuso a hablarle.</p>
<p class="MsoNormal">-Verás… ¿recuerdas que ayer partí corriendo a la lechucería? –Diego asintió lentamente, sabiendo bien cuáles serían las palabras que su amigo quería dirigirles -. Bueno, subí a escribirle a mis pa…</p>
<p class="MsoNormal">No alcanzó a terminar lo que quería decirle a Diego, pues las chicas que habían estado toda la clase burlándose de Sandro acababan de salir del aula y se habían quedado paradas mirándolos.</p>
<p class="MsoNormal">-Yo no sé por qué insistes en venir a Hechizos cotidianos, si todo esto jamás será cotidiano para ti. Mejor vuelve a tu asqueroso mundo, sangre sucia –le dijo Rebeca, con tono de burla.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Por qué no te callas de una vez por todas? ¡Comienza a preocuparte por tu vida y no por la de los demás, estúpida! –le gritó muy enojado Diego, para sorpresa de todos. El rostro se le había desfigurado por la rabia y tenía una expresión muy tensa. Sandro, Rebeca y su amiga, sorprendidas, lo miraban. No tardó mucho en sonreír nuevamente la chica, que le contestó enseguida al chico.</p>
<p class="MsoNormal">-Oh, ya veo… defendiendo al sangre sucia. Debes entender, Diego, que no todos los magos son bue…</p>
<p class="MsoNormal">-Entiendo perfectamente las cosas, Rebeca, gracias. Y sé perfectamente que la única bruja imbécil que hay por aquí eres tú. Si nos haces el favor, sería todo mucho más agradable si simplemente te vas –le contestó, con un tono irónicamente amable.</p>
<p class="MsoNormal">-¡Estás actuando como un traidor a la sangre! –le gritó Rebeca, histérica. Sin entender a lo que se refería, Diego no contestó nada. Seguía mirándola enojado, aunque su expresión cambió hacia una de sorpresa ante las palabras que había dicho la chica, quien al verla también articuló una muy parecida -. No será que…</p>
<p class="MsoNormal">-¡Ya lo oíste! ¡Vete! –le exclamó Sandro, quien parecía más feliz que enojado. Todos nuevamente se sorprendieron, ante las palabras del chico. Definitivamente nadie se esperaba que levantara la voz contra Rebeca, siendo que todo el último mes había actuado sumisamente frente a todos los susurros y burlas que había recibido.</p>
<p class="MsoNormal">-No voy a tolerar que un par de asquerosos sangre sucia me traten de esa forma. No saben con quién se están metiendo –les dijo, apuntándolos con el dedo. Parecía apunto de ponerse a chillar, como si en su interior una bestia estuviera luchando para poder gritar hacia el exterior. Dicho esto, se dio vuelta y comenzó a caminar por el pasillo, junto a su amiga.</p>
<p class="MsoNormal">Atónito, Diego se quedó parado mirando cómo se iban. Rebeca creía que él era un sangre sucia, seguramente por su rostro de sorpresa cuando ella habló de actuar como un “traidor de la sangre”. No le importó. Después de todo, le daba igual eso de la sangre mágica, para el chico era igual. Volteó para ver a Sandro y se dio cuenta de que éste lo miraba con una amplia sonrisa.</p>
<p class="MsoNormal">-Muchas gracias, Diego –le dijo, abrazándolo. Parecía que estaba bastante feliz, o al menos el apretado abrazo le indicó algo similar -. De verdad, muchas gracias.</p>
<p class="MsoNormal">-De… de nada –le contestó, sorprendido. No entendía del todo la razón por la cual Sandro se encontraba tan feliz. Lo había defendido y él también se hubiera sentido feliz si su amigo hubiera hecho el mismo gesto, pero el rubio se encontraba radiante, como si hubiera sucedido algo que cambiara radicalmente las cosas.</p>
<p class="MsoNormal">-Creo que te debo una explicación –le dijo su amigo cuando comenzaron a caminar por el pasillo cargados con sus mochilas –. Ayer me fui sin dar explicaciones a la lechucería. Supongo que ya habrás adivinado a qué fui –Diego se limitó a escuchar a Sandro conforme avanzaban por el pasillo. A pesar de no tener rumbo, ninguno de los dos dijo nada, simplemente seguían avanzando -. Escribí a mis padres. Quiero irme de aquí.</p>
<p class="MsoNormal">Siguieron caminando, Diego en silencio. Esperaba a que su amigo le dijera algo más, como que en ese momento había decidido no irse. La situación que acababan de vivir lo tenía muy feliz, por lo que el muchacho pensaba que quizá Sandro querría quedarse. No dijo nada y Diego se decidió a hablar finalmente, cuando subían por una escalera.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Te irás? –parecía algo incoherente que le preguntara eso en ese momento, pues habían pasado minutos desde que Sandro había contado a qué había ido a la lechucería.</p>
<p class="MsoNormal">-Si –le contestó sin mucho ánimo su amigo. Parecía que Diego no era el único al que le afectaba esa noticia -. Este no es mi lugar, Diego, es algo que he entendido en la última noche. Creo que sencillamente nací para ser un <i>muggle</i>.</p>
<p class="MsoNormal">-¿De qué hablas? Claro que este es tu lugar –le dijo, sorprendido por lo que acababa de oír -. ¡Hemos aprendido mucho aquí y tenemos mucho por aprender!</p>
<p class="MsoNormal">-Pero sencillamente no es lugar para gente como yo –su tono iba decayendo. Recordar las razones por las cuales se iba parecía entristecerlo -. Ya has visto cómo me discriminan… y ahora he hecho que piensen que eres un sangre sucia, como ellos dicen. Sencillamente ya no aguanto más esto. Fue suficiente.</p>
<p class="MsoNormal">-No me importa que piensen que soy un sangre sucia –alegó Diego -. Además, juntos haremos resistencia a esos comentarios. ¿No viste cómo se puso Rebeca al descubrir que no estabas solo? Juntos podemos hacer frente a Rebeca y todos ellos.</p>
<p class="MsoNormal">-Ha sido muy bonito gesto de tu parte, pero creo que aún así me iré -le informó finalmente Sandro. Luego de ello, no hablaron por un buen rato, hasta que estuvieron en el cuarto piso, punto en el cual Diego decidió que sería mejor que se separaran. Tenía un par de tareas más por hacer y era mejor no posponerlas.</p>
<p class="MsoNormal">-¿Cuándo te vas? –le preguntó, cuando pararon al final de la escalera.</p>
<p class="MsoNormal">-No lo sé. Debo esperar la respuesta de mis padres y la conversación con la directora –le contestó el rubio, tristemente -. Debo irme ahora… nos veremos más tarde, supongo.</p>
<p class="MsoNormal">En ese punto se separaron, yéndose cada uno a la sala de estar de su curso. No se vieron mucho durante el fin de semana, pues Diego no logró encontrar a su amigo. Se decidió a terminar todas sus tareas. Sin Sandro, Diego no tenía mucho con quien conversar. Logró encontrarse en un par de ocasiones con Juan, con quien intercambió algunas palabras con respecto a las tareas y las clases, pero Juan parecía estar tan ocupado como Sandro. Finalmente se había resignado y se había quedado probando ingredientes en su caldero, agitando y haciendo movimientos complejos con la muñeca con el fin de lograr conjurar ciertas cosas, leyendo libros de historia y tomando apuntes en pergaminos. No estaba acostumbrado a hacer todo ese tipo de cosas, ni siquiera a leer mucho. Lafken le había enseñado en ese mes que a través de la lectura se puede aprender muchísimo. Era algo que valoraba, pero a lo que no le puso demasiada atención en esos dos días. La pena que había sentido durante la tarde que Sandro se había ido a escribir a sus padres no era comparable con la que sintió ese fin de semana. Ya casi podía palpar su partida, como si estuviera a la vuelta de la esquina. Y es que así era… no sabía cuándo, pero bastaba con que la directora escribiera al chico para que éste se fuera de regreso a Valdivia. Tampoco durmió bien esas noches, mucho menos la del Domingo. No sabría cómo sería ver a su amigo al día siguiente luego de saber que se iría. Pensó en que quizá Sandro habría estado preparando su maleta durante el fin de semana. Ese pensamiento no le ayudó en lo absoluto a levantarle el ánimo.</p>
<p class="MsoNormal">Finalmente, el lunes llegó. Se despertó con el sol en la cara, dándole un incómodo “buenos días”. Se desperezó y miró a su alrededor. Las camas de sus compañeros estaban vacías. Habrían madrugado, suponía. Lentamente caminó al baño, con el mal sueño pesándole en la espalda. La ducha le ayudó a despertar un poco. Cuando salió se vistió relajado, convencido de que el tiempo le sobraría. Siempre era así. Alcanzaba a desayunar y conversar un par de minutos con Sandro o algún compañero o compañera antes de asistir a la primera clase. Bajó por las escaleras, extrañado por no ver a nadie durante el trayecto al comedor. El sol ya había salido, por lo que no era normal que nadie estuviera en las escaleras o en los pasillos. Ni en el comedor había alguien. La razón, redonda y grande, se encontró frente a los ojos de Diego en cuanto entró a él: eran las nueve y treinta. Se había quedado dormido. Agitado, Diego corrió a toda velocidad por el pasillo del segundo piso, viendo al final de éste la escalera por la cual debería subir para asistir a la clase de Preparación de Pociones. No sabía qué le diría al profesor. Recordaba que en el colegio al cual asistía antes lo hacían ir a buscar un papel que indicaba el atraso a la inspectoría, una pequeña sala en donde el inspector de muy mal humor regañaba a todo aquel que infringiera las normas. No había oído que en Lafken hubiera tal cosa. Quizá castigaban de manera mucho peor a los estudiantes o quizá no los castigaban. En momentos como ese le molestaba mucho no saber nada acerca del mundo mágico.</p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal">-¡Ajá! –exclamó una voz aguda a sus espaldas.</p>
<p class="MsoNormal">Diego se detuvo en seco, justo cuando se disponía a salir disparado escaleras arriba. Pensó en una eventual inspectora que aún no conocía, pues no había infringido ninguna norma hasta ese momento. Quizá era una bruja que aparecía solo cuando descubría a alguien en los pasillos durante el horario de clases o algo parecido. Cuando volteó, se encontró no con una bruja adulta, sino que con una chica morena de ojos claros que iba seguida por dos chicos mayores, una chica de pelo castaño y liso y un chico corpulento que miraba a Diego desde una altura bastante considerable. Se trataba de Rebeca. Diego volvió a darse vuelta, dispuesto a comenzar a subir las escaleras. No tenía ningún segundo que perder discutiendo con esa estúpida chica.</p>
<p class="MsoNormal">-Él es uno –dijo nuevamente la voz de Rebeca a sus espaldas, cuando Diego comenzaba a subir las escaleras.</p>
<p class="MsoNormal">Antes de que pudiera recorrer siquiera tres escalones, alguien lo haló desde el cuello de la túnica, haciendo que casi cayera de espaldas. Se dio vuelta, enojado. Sin embargo, no alcanzó a pronunciar una palabra, pues, luego de ver el rostro duro del chico que acompañaba a Rebeca, un gran puño golpeó su cara, logrando ahora sí que se cayera de espaldas a la escalera. Además del contundente dolor que sentía en el ojo, los peldaños de la escalera se encargaron de hacer lo suyo con su espalda. Oyó dos risas muy estridentes, ambas femeninas.</p>
<p class="MsoNormal">-Ya tendrá que aprender ese sangre sucia –dijo una voz femenina que Diego no conocía. Era seguramente la chica de cabello castaño -. Dale más, Ludwig.</p>
<p class="MsoNormal">Abrió los ojos (el derecho más que el izquierdo, ya que ese ojo le dolía muchísimo) justo para ver cómo lo tomaba por el pecho de la túnica para levantarlo nuevamente. Ludwig le sonreía mientras lo levantaba, como si estuviera tomando un juguete. Recibió otro puñetazo inmediatamente, cayendo nuevamente a la escalera, esta vez de costado. Sintió un <i>crack</i> cuando recibió el segundo golpe, y un agudo dolor en la nariz. Se mareó bastante, mientras intentaba levantarse. Quería salir de allí. Las risas de los tres muchachos seguían sonando en el pasillo. ¿Cómo era que nadie acudía en su ayuda?</p>
<p class="MsoNormal">-A los sangre limpia no hay que levantarles la voz, asqueroso –dijo la voz de Rebeca, al tiempo que recibía otro golpe en la cara, esta vez de parte de una mano mucho más pequeña que la de Ludwig, pero que de todas formas le dolió intensamente.</p>
<p class="MsoNormal">Le costaba respirar y sintió el salado sabor de su sangre cuando abrió la boca para tomar aire. Estaba sangrando, seguramente de la nariz. El dolor intenso en el ojo y la nariz se sumaba al mareo y a la profunda molestia que eran las risas de los muchachos. Lo último que sintió antes de perder la conciencia fue un escupitajo en su frente y otro golpe más en la cara, que hizo que su nuca chocara fuertemente contra el borde de la escalera. Fue la humillación el último sentimiento antes de rendirse a los golpes y a las risas, a las burlas, a las palabras que le decían y que, como describiendo un espiral, se acercaban a sus oídos.</p>
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